Surge el antialfarismo

A diferencia de las elecciones de 2012 –en la contienda por la gubernatura– y de 2015 –en los comicios por la alcaldía de Guadalajara–, las del próximo año tendrán un ingrediente que genera preocupación al interior del partido Movimiento Ciudadano: el antialfarismo.

El antialfarismo era inexistente en los dos últimos procesos electorales, pues no había motivo para que surgiera luego de que Enrique Alfaro Ramírez tuvo todo para realizar un buen gobierno durante su paso por la presidencia municipal de Tlajomulco, gracias al apoyo preferencial –aún por encima de los gobiernos panistas– que le otorgó el gobierno de Emilio González.

En 2012, cuando contendió por la gubernatura, quedó a pocos puntos porcentuales del ganador Aristóteles Sandoval, pero mandó un serio aviso al ganar la zona metropolitana, en tanto que tres años después sin ningún problema se impuso al jugar por la alcaldía tapatía y lograr arrastrar victorias en los demás municipios metropolitanos –excepto Tonalá– y un número considerable de distritos federal y locales.

Hoy la realidad es otra. Bastaron dos años de gobernar la capital e incurrir en una serie de errores garrafales para que el fenómeno del antialfarismo hiciera acto de presencia y amenace con ser un factor importante –y quizás determinante– en las elecciones de 2018. Baste saber que al interior de MC y del alfarismo ya tomaron nota de su existencia… y eso ha generado seria preocupación.

Y es que más allá del descenso que como candidato registró Alfaro Ramírez en la última encuesta del Grupo Reforma, en la que aún guarda una amplia distancia de su más cercano perseguidor, se encendieron las luces amarillas en el rubro que tiene que ver con la medición entre partidos políticos, donde Movimiento Ciudadano apenas le saca una ventaja de 6 puntos al PRI, escenario no considerado por los cerebros alfaristas para estas fechas. Y aún sobre este porcentaje hay que considerar el margen de error que se considera más-menos de 3.5 por ciento.

Tampoco hay que esforzarnos mucho para entender por qué el surgimiento del antialfarismo y el por qué va peligrosamente –para los planes de Enrique Alfaro– en crecimiento, pues baste anotar los golpes que como autoridad municipal ha asestado a los comerciantes ambulantes, a los vendedores de los artículos navideños ubicados por décadas en determinadas plazas o jardines, a los vendedores de calzado, a los calandrieros –contra quienes arremetió el pasado fin de semana al confiscarles sus carros y caballos, impidiéndoles trabajar en un fin de semana largo por el puente del día 20, cuando hay turismo–, a los vecinos inconformes con las obras mal hechas que ha pretendido entregar o inaugurar y a la agresión verbal cometida en contra de un vecino que osó cuestionarlo durante la entrega de una unidad deportiva, al grado de retarlo a que lo golpeara, por hablar de los hechos más conocidos.

Por cierto, el ofendido ya presentó denuncia penal en la Fiscalía General y queja ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos.

Pero hay que considerar también el trabajo que ha hecho como oposición el resto de los partidos políticos, que finalmente hacen su tarea como en su momento lo hizo y ha hecho su Movimiento Ciudadano.

También hay que considerar que abona al antialfarismo el abuso policiaco que se registra en las redes sociales en contra de los vendedores ambulantes o del ciudadano común, víctima del abuso o prepotencia de algunos elementos de seguridad pública.

Hay que tomar en cuenta que también ha surgido el antialfarismo en Zapopan y Tlaquepaque, cuyos alcaldes abonan su cuota para generar inconformidad y decepción ciudadana. Y lo peor es que no hay visos de que las cosas puedan cambiar para bien en los meses por venir antes de los comicios.

ES TODO, nos leeremos ENTRE SEMANA.

JJ/I