Se despide de Guadalajara con 'La voz humana'

Entrega. La soprano mexicana se sumerge en un personaje atormentado que logra una conexión especial con el público. (Foto: Cortesía Conjunto de Artes Escénicas)

El montaje La voz humana marcó el regreso de María Katzarava a Guadalajara, según ha dicho ella misma, una de sus más queridas ciudades, una que la vio desde sus inicios y que ahora la recibió con el aplauso presto en una ópera complicada y sin igual.

La obra tuvo dos funciones este fin de semana en el Conjunto de Artes Escénicas de la Universidad de Guadalajara. La ópera de Francis Poulenc es un complejo texto de Jean Cocteau que tanto en la voz como en la escena dialoga sobre la locura de una mujer: todo ocurre en una habitación blanca, un piano y una cama y un entramado tejido de hilos como una telaraña en que el personaje principal sostiene conversaciones consigo misma interpretando una y otra vez la historia del rompimiento con su amante, al que no puede dejar ir.

La historia de un amor roto y de la complejidad de la comunicación a distancia marcan el principio del fin del personaje que espera ansiosa la llamada de teléfono posterior a la ruptura. Esa llamada es el hilo de la historia y la telaraña es quizá las múltiples voces que se cortan en el transcurso. La enloquecida empresa es simple: retener a su amor no importa lo que ello implique.

Elle tirada en la cama, durante horas que se convierten en días enfrenta el tormento de la soledad que se avecina y las notas de su voz viajan por las llamadas en un grito desesperado.

La voz humana encierra en esto su poder dramático, en el de una mujer que no sale del cuarto durante tanto tiempo que pierde la noción de la realidad y le teme al mundo exterior por lo que ocurrirá cuando todo, por fin, termine.

La de María no fue la ópera del vestido elegante frente al público. Ella sola, de negro y con el cabello como lo tiene alguien que ha esperado días de pararse y caminar en círculos esperando y sus escenas que se entrelazan en el tiempo musicalizadas por el pianista Abdiel Vázquez contaron toda esta historia al público.

La cantante admitió días antes en entrevista que la relación es como en la que el piano y su música interpreta el amante.

Su voz no mermó nunca en el movimiento que va y viene, un movimiento exasperado y exasperante de quién no encuentra la paz interior y que considera incluso al desesperado consuelo del suicidio.

El público tapatío rompió en aplausos al final y durante la obra, por supuesto, permaneció callado interpretando las notas en francés traducidas simultáneamente por texto, dejando salir suspiros y con la culpa de observar a un personaje en la intimidad de su angustia.

Así se despidió Katzarava de Guadalajara, por ahora, para emprender otros vuelos, agradeciendo a su público que regreso a verla en uno de sus papeles más entrañables.

JJ/I