De la misma cloaca

Un error es más peligroso cuanto más cantidad de verdad contenga
Henry F. Amiel

Da tristeza observar cómo se expresan los mexicanos acerca de la política, sus hacedores, protagonistas, formas y difusión. Resulta preocupante observar la tremenda polarización del quehacer político, que mantiene confrontados, unos contra otros, a los candidatos y a sus simpatizantes, mientras que el grueso de los ciudadanos sólo miramos sin saber bien a bien a quién otorgaremos nuestro voto.

Las descalificaciones lanzadas contra unos y otros impiden conocer y entender qué propone cada uno para el futuro del país, dejando sólo el nauseabundo hedor de la porquería lanzada por todos, sin enterarnos qué dijo quién, al fin y al cabo, todos dicen lo mismo.

No se conocen las propuestas de los suspirantes. Si acaso las del proyecto de nación, repetidas una y otra vez, como disco rayado, a lo largo de 18 años de interminable campaña, que nos llevan a la misma conclusión: sólo es una lista de buenos deseos sin un sustento financiero real, por lo menos no uno que impida a ya saben quién romper importantes compromisos de campaña porque, para cumplir sus demagógicas promesas, tendría que subir los impuestos o aumentar la deuda del país.

De las otras dos coaliciones ni hablar. El frente constituido por PAN-MC-PRD pretende recuperar –ya lo habíamos señalado aquí– la fuerza del mantra que hace 18 años lo llevó al poder: sacar al PRI de Los Pinos. La consigna está demasiado desgastada después de dos fallidas administraciones panistas que demostraron que no es lo mismo ser oposición que gobierno y que no es fácil la transición de las buenas intenciones prometidas a acciones tangibles.

La del PRI-Verde-Panal vuelve a lo mismo, aunque dicho en lenguaje que no consigue alcanzar al gran público elector, mucha palabrería técnica que no alienta al votante a sufragar, una vez más, a favor del partido en el poder que se ha llevado –con razón o sin ella– la poco honorable peor calificación en la historia del país. Su candidato enfrenta la devaluada credibilidad de un partido que no es suyo, del gobierno del que formó parte y la desconfianza de los mexicanos.

Origen

Al final, el desencanto de la población es legítimo. Debemos considerar que todos provienen del mismo resumidero: la Revolución es el origen común de todos, partidos y organizaciones, que se mantienen apegados al anticuado y tieso discurso de hace un siglo. Los hijos de la Revolución surgidos del Partido Nacional Revolucionario (PNR) se diseminaron por toda suerte de institutos políticos –PARM, PPS, PC, PRD, PT, MC, Morena, etc.–, contaminándolos con las aspiraciones del sistema perfecto: todos quieren ser el partido que se eternice en el poder.

Hasta los panistas vieron contaminada su pureza ideológica por tránsfugas provenientes principalmente del PRI, donde dieron sus primeros pasos en política, más aún después de probar las mieles de la alternancia y convivir con los funcionarios y burócratas que quedaron en la estructura de gobierno.

Torcido

A pesar de todo, es penoso leer lo que se publica en las redes sociales y la forma como son utilizadas hábilmente para engañar a los usuarios, la mayoría de los cuales, hay que señalarlo, actúan de buena fe. Es vergonzoso descubrir la facilidad con que se miente, se calumnia, se editan archivos de voz y video para hacer ver que alguien dijo o hizo algo sin que lo haya hecho. Sin embargo, resulta más increíble aún constatar la cantidad de personas que se creen las mentiras y, sin confirmar con fuentes confiables y serias, contribuyen a difundirlas compartiéndolas con sus seguidores y amigos. Como resultado las redes sociales se han convertido en una auténtica cloaca.

@BenitoMArteaga

JJ/I