Video: Hallan sustancias tóxicas en la ballena de aleta

(Foto: Especial)

Es el segundo animal más grande del mundo: llega a medir alrededor de 24 metros y pesar hasta 60 toneladas. Se alimenta de krill y de pequeños peces como sardinas y anchovetas. Pero ahora, investigadores han descubierto un ingrediente extra en su dieta: plásticos nocivos que ingiere al tragar agua.

El rorcual común o ballena de aleta (Balaenoptera physalus) de bahía de La Paz forma parte de la población del golfo de California que está aislada genéticamente de otra población del Pacífico, aunque la especie está distribuida por todos los océanos del mundo.

Un equipo de investigadores del Departamento de Ciencias Marinas y Costeras de la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS) realizó la primera evaluación de abundancia de microplásticos y niveles de ftalatos en el rorcual común, con la finalidad de abrir líneas de investigación que den certidumbre sobre los efectos de los residuos plásticos en el mar.

El estudio corroboró la existencia de ftalatos dentro de las ballenas de aleta en bahía de La Paz, las cuales entran en contacto con la sustancia tóxica al tragar enormes cantidades de agua con alimento y microplásticos. Asimismo, algunos animales que forman parte de su dieta acumulan microplásticos, que previamente ingirieron, sobre todo en tejidos grasos de su cuerpo.

“Las ballenas se comen los microplásticos junto con su alimento. Nos interesa porque pueden afectar la fisiología de estos animales. En el estudio, un primer nivel es saber en dónde hay microplásticos y ballenas, evaluar las posibilidades de que las ballenas los coman y analizar el efecto que tienen en estos mamíferos marinos”, explicó Jorge Urbán Ramírez, profesor y responsable del Programa de Investigación de Mamíferos Marinos de la UABCS.

Los microplásticos son fragmentos de plástico de uno a cinco milímetros de diámetro que terminan en grandes cantidades en los océanos e impactan la flora y fauna marinas.

Se pueden encontrar en una serie de productos de uso diario, como empaques de plástico, botellas y bolsas, que con el uso y las condiciones ambientales a los que están sometidos, terminan deteriorándose y desprendiendo ftalatos fácilmente, sustancias potencialmente tóxicas que no están unidas químicamente a la estructura del plástico. Los ftalatos son añadidos al plástico para hacerlo más flexible y facilitar su manipulación.

Los animales marinos (aves marinas, peces, mamíferos marinos como cetáceos y delfines, entre otros) ingieren los microplásticos, introduciéndolos en la cadena alimenticia.

LA INVESTIGACIÓN

Los científicos realizaron arrastres en cinco zonas de la bahía de La Paz para el conteo de microplásticos: Cemex, San Juan de la Costa, Isla Ballena, Lobera y San Francisquito.

El tamaño de los microplásticos más abundantes fue de uno a 2.5 milímetros; en menor número encontraron fragmentos de 2.5 a cinco milímetros. Los resultados de abundancia de microplásticos fueron de 0.00 a 0.21 partículas por metro cúbico.

“Llevamos a cabo arrastres de 2015 a 2016 cada dos meses, con una red para plancton tipo manta con flotadores. Las muestras que obtuvimos fueron de la superficie. El polímero más abundante fue el polietileno, seguido por poliéster y polipropileno”, mencionó Tabata Olavarrieta García, becaria del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) en el programa de Maestría en Ciencias Marinas y Costeras (Cimaco) de la UABCS, para realizar el estudio en el periodo de 2015 a 2017.

Las corrientes marinas y vientos son los principales factores que influyen en la concentración de microplásticos en la bahía de La Paz. Las zonas con mayor abundancia de microplásticos fueron Isla Ballena y San Juan de la Costa, los sitios más alejados de las poblaciones humanas en el área de estudio.

“Estas partículas se mueven con la corriente del agua y en la superficie, así como el plancton, entonces influyen las corrientes marinas y el viento. Por lo tanto, no necesariamente hay una relación directa en donde hay mucha actividad humana y dónde están concentrados los microplásticos”, mencionó el director de la investigación, Jorge Urbán Ramírez.

COLABORACIÓN INTERNACIONAL

Según estudios previos, los ftalatos afectan el sistema endocrino de otros organismos marinos, en consecuencia, provocan trastornos en la reproducción y crecimiento del rorcual común, aunque los especialistas desconocen el grado de impacto en el animal.

“Este estudio es una de las formas más sencillas de saber si el rorcual común o ballena de aleta está ingiriendo microplásticos o no, estos a su vez contienen ftalatos, que son disruptores endocrinos y esto quiere decir que afectan las hormonas. En consecuencia, es posible que haya afectaciones en la reproducción y desarrollo de los animales”, aseveró Olavarrieta García.

En el estudio analizaron siete biopsias de rorcual común y encontraron valores de ftalatos en tres, pertenecientes a dos ballenas hembras. La sustancia con mayor valor fue el di (2-etilhexil) ftalato (DEHP, por sus siglas en inglés). Los datos indican que hubo mayor concentración de ftalatos en la temporada cálida que en la fría.

“Tomamos biopsias con ayuda de una ballesta y una punta modificada, la introdujimos a la ballena y extrajimos tejido graso. Por lo general, los contaminantes se almacenan en la grasa, entonces fue lo que nosotros analizamos, así como muestras de plancton”, mencionó Olavarrieta García.

Los investigadores mexicanos colaboraron con Maria Cristina Fossi, de la Universidad de Siena, Italia, que realiza un estudio similar en el mar Mediterráneo, en el que los resultados indican que la abundancia de microplásticos y niveles de ftalato en las ballenas de aleta es superior en aquella región que en la bahía de La Paz.

“Las muestras de tejido y plancton las analizamos en la Universidad de Siena, Italia, y de estas muestras extrajimos los ftalatos, así pudimos inferir si están comiendo o no los microplásticos. Fueron siete muestreos y sólo en tres se detectaron niveles de ftalatos, sólo en las muestras de hembras”, comentó Olavarrieta García.

“Suponemos que los machos están alimentándose en lugares diferentes que las hembras, sólo así nos explicamos que aparecieron niveles de ftalato significativos exclusivamente en las muestras de las ballenas hembras. Es preocupante detectar niveles de ftalatos porque impacta en la reproducción y crecimiento de las ballenas, aunque no sabemos en qué grado”, finalizó.

Los resultados de la presente investigación justifican la necesidad de llevar a cabo una serie de estudios sobre los microplásticos y su relación con los mamíferos marinos en el golfo de California que ayuden a mitigar las afectaciones de los ftalatos, a través de la generación de políticas públicas y estrategias de conservación.

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“Es preocupante detectar niveles de ftalatos porque impactan en la reproducción y crecimiento de las ballenas, aunque no sabemos en qué grado”
Tabata Olavarrieta García, participante en el estudio

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