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El dinosaurio aún estará ahí…

Podemos prever, sin tener una bola de cristal, que las elecciones del 6 de junio no cerrarán el espacio destinado a escuchar la voluntad del pueblo expresada en votos, sino que abrirán una nueva escala de conflicto poselectoral. 

Es prácticamente imposible que las y los partidarios de Morena acepten resultados adversos y, de ganar las elecciones, es previsible que cambiarán las reglas para acomodarlas a sus deseos e idea de gobierno. 

Lo dramático es que ninguno de los resultados, ganar o perder las elecciones por quienes hoy gobiernan el Estado mexicano, garantizará la consolidación de nuestra democracia. 

Al devastar la autoridad moral del INE, lo que vendrá después de los comicios no será la democracia que soñamos, sino un nuevo ciclo de ruptura social y política. 

El I have a dream de los ciudadanos mexicanos consistía en consolidar un sistema de gobierno donde podían caber todas las voces, sin privilegios y con derechos inalienables para todos; el sueño de romper el pensamiento único para dar paso a la pluralidad política, a la diversidad social y a la deliberación pacífica; tuvimos el sueño de creer que era viable construir instituciones que no estuvieran al servicio de la mayoría déspota, sino que fueran capaces de salvaguardar los derechos de las minorías y proteger a los más débiles; nos atrevimos a imaginar que llegaría el momento en que las elecciones se volverían ciertas y libres, sin amenazas del narco ni del poder en turno, y sus procesos, sus protagonistas y sus resultados serían elementos de un régimen democrático consolidado. 

En junio viviremos un conflicto del tamaño de las elecciones, un conflicto de proporciones equivalentes a la dimensión gigantesca de este gran proceso electoral por su tamaño. 

En mediciones recientes se puede observar que hay al menos ocho estados en donde Morena puede ganar: Baja California, Guerrero, Colima, Nayarit, Sinaloa, Tlaxcala, Sonora y Zacatecas. El PAN puede ganar en Querétaro, Baja California Sur y Chihuahua. El Partido Verde en San Luis Potosí. El triunfo en Nuevo León está entre PRI y MC, Campeche entre la alianza Va por México y MC, y Michoacán, entre MC y Morena. 

Al revisar las diversas encuestas en Oráculus, se observa la intención del voto en las cinco circunscripciones electorales en las que se divide el país, se ve que Morena es muy fuerte en la 3 y 4, pero en el norte y occidente, circunscripciones 1, 2 y 5, ha bajado el apoyo al presidente, y puede haber una baja importante en el voto para Morena. 

El presidente sabe que sin la existencia del INE nunca hubiera podido ser presidente de México. En la elección de julio de 2018, el Instituto Nacional Electoral (INE) contó los votos y reconoció como ganador al candidato López Obrador. 

En este proceso el presidente rompe las reglas y diariamente se mete a la campaña en sus mañaneras, habla de logros y descalifica a los candidatos de oposición. Hay presión de la Fiscalía General de la República a candidatos de oposición que lideran las encuestas en Nuevo León, a pocos días de las elecciones. ¿Por qué no antes? 

Todos los actores políticos y sociales que participan en este proceso electoral tienen la obligación de respetar las reglas del juego para que las elecciones sean democráticas. Los árbitros deben actuar con imparcialidad y los partidos competir sin trampas. 

A sabiendas de que nadie rechaza el triunfo, como sociedad, tenemos que trabajar en la cuidadosa construcción de la aceptabilidad de la derrota, que es clave en la construcción de nuestra frágil democracia. 

oceanoazul@live.com.mx

jl/I