Por el desarrollo de prácticas inéditas forenses ciudadanas a cargo de colectivos de búsqueda de personas desaparecidas y el contexto de crisis de derechos humanos e insuficiencia institucional, Jalisco fue identificado en un estudio como un laboratorio social de entomología forense.
El trabajo, titulado Apropiaciones tecnológicas de la entomología forense en la búsqueda de personas desaparecidas: Intersecciones entre saberes científicos, colectivos y tecnologías digitales y a cargo de Jessica B. López Caro, documenta cómo familiares de personas desaparecidas, particularmente madres buscadoras, han incorporado el análisis de insectos necrófagos como una herramienta empírica para localizar posibles fosas clandestinas y restos humanos, lo que combina experiencia directa en campo con el intercambio de información científica a través de redes sociales.
El estudio añade que plataformas como Facebook se han transformado en espacios de producción colectiva de conocimiento, pues en grupos públicos y semiabiertos los colectivos comparten fotografías de moscas, larvas y escarabajos encontrados durante las jornadas de búsqueda, y solicitan apoyo para identificar especies asociadas a procesos de descomposición. Estas interacciones reúnen a especialistas, estudiantes, periodistas y buscadoras, generando una forma de comunicación tecnocientífica no institucional.
El análisis sitúa a Jalisco como un caso relevante debido a la frecuencia de búsquedas autónomas, la presencia de colectivos consolidados y la sistematicidad con la que se emplean indicadores biológicos en el terreno.
La investigación, realizada mediante netnografía y observación digital entre octubre de 2024 y julio de 2025, examinó publicaciones y transmisiones en vivo donde las buscadoras describen olores, alteraciones del suelo, cambios en la vegetación y presencia de fauna cadavérica como señales para decidir puntos de excavación.
Uno de los casos documentados ocurrió en Nextipac, Zapopan, donde la observación de escarabajos y cochinillas fue interpretada como indicio de descomposición avanzada, lo que llevó a una búsqueda más minuciosa en ese sitio específico.
El estudio subraya que estas decisiones no se toman de manera aislada, sino que se apoyan en un saber colectivo construido a partir de experiencias previas y aprendizajes compartidos en línea.
No obstante, la investigación advierte sobre riesgos técnicos y éticos. La identificación incorrecta de especies, la sobreinterpretación de evidencia biológica y la falta de protocolos para la recolección y preservación de muestras pueden limitar el valor judicial de los hallazgos. A ello se suma el impacto emocional que implica la exposición constante a imágenes y narrativas vinculadas con la muerte.
El estudio concluye que la experiencia de Jalisco muestra cómo la entomología forense ha salido del ámbito exclusivo del laboratorio para convertirse en un saber vivo, situado y socialmente compartido.
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