El gobierno del primer ministro canadiense, Mark Carney, anunció la firma de un acuerdo comercial con China que reduce aranceles bilaterales y marca un giro estratégico en la política exterior y económica de Ottawa, en abierta contraposición a la postura proteccionista del presidente estadounidense, Donald Trump.
El convenio, firmado el viernes en Beijing, establece la reducción del arancel del 100% que Canadá aplicaba a los vehículos eléctricos chinos, así como un esquema de menores impuestos para productos agrícolas canadienses, en particular las semillas de canola. El acuerdo ha sido interpretado por analistas como una señal de realineamiento económico de Canadá, cuyo comercio exterior ha dependido históricamente del mercado estadounidense.
“Es una declaración significativa de cambio en las relaciones económicas de Canadá”, afirmó Edward Alden, investigador del Consejo de Relaciones Exteriores, al señalar que Ottawa comienza a percibir a Washington como un socio comercial más riesgoso que Beijing.
El acuerdo con China representa un cambio de rumbo para Ottawa, que en 2024 había replicado los aranceles estadounidenses del 100% a los autos eléctricos chinos. Ahora, la nueva política ofrece beneficios concretos para sectores estratégicos, en especial los productores de canola, cuyas exportaciones se verán favorecidas por una reducción del arancel chino del 84% al 15%.
“China produce algunos de los vehículos más eficientes del mundo. Para que Canadá desarrolle un sector competitivo, necesitamos aprender de socios innovadores y fortalecer nuestras cadenas de suministro”, declaró Carney tras la firma.
No obstante, el primer ministro enfrenta críticas internas. El jefe de gobierno de Ontario, Doug Ford, acusó a Carney de “abrir la puerta a los vehículos eléctricos chinos a costa de los trabajadores canadienses”. En respuesta, el acuerdo contempla límites: China solo podrá exportar inicialmente 49 mil vehículos eléctricos a Canadá con arancel reducido, cifra que aumentará gradualmente hasta 70 mil unidades en un plazo de cinco años.
El pacto también revive tensiones diplomáticas entre Ottawa y Beijing, arrastradas desde el arresto de una ejecutiva de Huawei en 2018 y las investigaciones sobre presunta interferencia china en elecciones canadienses.
Más allá del impacto interno, el principal riesgo para Canadá podría provenir del sur. Expertos anticipan que Trump podría utilizar la renegociación del T-MEC para presionar a Ottawa, amenazando incluso con abandonar el acuerdo o imponer condiciones más duras como castigo por el acercamiento a China.
“Este movimiento complicará las conversaciones. Es probable que Estados Unidos adopte medidas de represalia, especialmente contra la industria automotriz canadiense”, advirtió William Reinsch, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS).
Aun así, Trump sorprendió con una declaración ambigua al ser cuestionado sobre el acuerdo: “Si puedes conseguir un acuerdo con China, deberías hacerlo”, dijo a periodistas en Washington.
Carney aseguró que el convenio con Beijing es preliminar y flexible, lo que permitiría realizar ajustes en función de las negociaciones con Estados Unidos. Analistas señalan que el primer ministro confía en el respaldo de grandes corporaciones norteamericanas —automotrices, agrícolas y tecnológicas— interesadas en preservar la estabilidad del T-MEC.
“El mensaje de Canadá es claro”, concluyó la economista Mary Lovely, del Instituto Peterson de Economía Internacional. “Ottawa está demostrando que tiene otras opciones comerciales y que no aceptará condiciones humillantes impuestas desde Washington”.
GR










