Durante décadas el turismo fue un aliado natural de la artesanía de Tlaquepaque, convertido en el principal motor que redefine el paisaje económico y urbano del Centro Histórico del municipio; sin embargo, también ha desplazado talleres tradicionales y concentrando los beneficios en un grupo reducido de empresarios.
Así lo señala el estudio Influencia del turismo en la reconfiguración espacial y económica del sistema productivo local de artesanías en Tlaquepaque, Jalisco, elaborado por las investigadoras de la Universidad de Guadalajara (UdeG) Yanelis Pereira García y Katia Magdalena Lozano Uvario, y el cual da cuenta del crecimiento de diversos rubros turísticos en el municipio y no así en el de las artesanías.
De acuerdo con datos de los Censos Económicos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), entre 1998 y 2018 los establecimientos de alimentos y bebidas pasaron de 161 a 2 mil 711, mientras que los servicios de alojamiento más que duplicaron su número; en contraste, la fabricación de productos de arcilla, emblema histórico del municipio, redujo su personal ocupado en más de 39 por ciento en el mismo periodo.
Además, para 2023 el Centro de Tlaquepaque contabilizaba 190 establecimientos turísticos frente a apenas 12 talleres artesanales activos.
De acuerdo con las investigadoras, el desplazamiento artesanal responde a una combinación de factores: relevo generacional, falta de competitividad de microempresas familiares, presión económica y, sobre todo, el incremento en el valor del suelo.
Además, los dueños de fincas donde antes operaban talleres optaron por vender o reconvertir los espacios en restaurantes o bares al considerar que ofrecen mayores ganancias en menor tiempo.
El estudio también documenta el surgimiento de un modelo económico híbrido que mezcla turismo y artesanía, con espacios como galerías-restaurantes y talleres-cafeterías. Este esquema es impulsado principalmente por medianos empresarios organizados en redes.
No obstante, nueve de cada 10 artesanos entrevistados consideraron que el turismo de masas no es un mercado atractivo para sus productos, ya que muchos visitantes privilegian la experiencia visual y recreativa sobre la compra de artesanía auténtica. Así, mientras el territorio se vuelve más competitivo y atractivo, los beneficios se concentran en un grupo reducido, dejando a los productores tradicionales en una posición cada vez más vulnerable.
“Para maximizar los beneficios que la interacción constante de estos sectores puede aportar al territorio, es imprescindible implementar estrategias inclusivas que preserven el patrimonio cultural, promuevan la equidad económica y aseguren a los artesanos como protagonistas de la narrativa cultural y económica del municipio”, añade el estudio.
GR










