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David Toscana, un caminante a ciegas

David Toscana, un caminante a ciegas

Que David Toscana haya recibido este martes el premio Alfaguara con una novela que recrea un ejército de soldados búlgaros privados de la vista, tiene mucho de simbólico. Cuando escribe, el autor mexicano camina como un ciego, sólo protegido por su intuición.

“Como ingeniero, tal vez debería hacer planos, diseñar mis libros, pero los empiezo sin tener idea de cómo seguir. En mi literatura hay mucho de ensayo y error; a veces después de 20 páginas, lo tiro todo a la basura”, reconoció en 2022, en entrevista con ‘Efe’.

El premio anunciado hoy confirma a Toscana (Monterrey, 1961) como una de las mejores plumas de la literatura en idioma español, buen cuentista y contundente en las carreras de distancias largas que son las novelas, lo cual ha confirmado en obras como ‘Estación Tula’, ‘Duelo por Miguel Pruneda’, ‘El último lector’, ‘El ejército iluminado’, ‘Evangelia’, ‘Olegaroy’ y otras.

Después de escribir ‘El peso de vivir en la tierra’, una joya que juega con la literatura rusa en Monterrey, Toscana se convirtió este martes en el quinto mexicano ganador del Alfaguara con ‘El ejército ciego’, que recrea una historia del siglo 11 en el que Basilio II, emperador de Bizancio, ordenó cegar a 15 mil soldados búlgaros.

Es una obra inspirada en las crónicas medievales y en la crueldad de las guerras bizantinas, en la que confluyen historia, inventiva y poesía.

A diferencia de muchos de sus colegas, capaces de disertar sobre escritores desconocidos de las cuatro esquinas del mundo y recomendar sus libros, Toscana lee como quien da vueltas en un tiovivo. No es un devorador de libros, sino un obsesionado con el placer de la relectura.

En su juventud se bebió la prosa de Tolstoi, Dostoievski, Chéjov, Turguéniev, Bulgákov, Gógol y Ajmátova y desde entonces volvió a ellos una y otra vez, aunque se inclina ante Cervantes, Borges, García Márquez, Onetti y los trágicos griegos.

Es probable que su obsesión por los rusos sea una marca de nacimiento. Nació el 7 de noviembre, día de la Revolución de Octubre, aunque en las entrevistas minimiza el dato porque asume su pasión como un asunto de familia. Si pudiera le reclamaría a Tolstoi y a los demás detalles como los requerimientos de un hijo a un padre.

Más que novelista, cuentista, columnista, u otro calificativo similar para describir a quien se dedica al arte de unir palabras, al referirse a David Toscana, tal vez lo más acertado sea considerarlo un obrero de la literatura, aun cuando la frase suene a lugar común.

Residente en Lisboa en algún momento de su vida, el mexicano sigue en la literatura la estrategia del goleador portugués Cristiano Ronaldo, quien no piensa en si es un elegido con el talento de Messi y en lugar de filosofar, nada una hora antes del entrenamiento de su equipo, se alimenta bien, hace pesas y se estira.

Auténtico, lejos del glamour, aunque presume premios prestigiosos, Toscana también desconfía de sus atributos, por eso manda tantos textos a la papelera. Mejor dedica muchas horas a conjugar el verbo escribir y a realizar caminatas como ciego, solo confiado en su intuición.

IDEAS. Es una obra inspirada en las crónicas medievales y en la crueldad de las guerras bizantinas, en la que confluyen historia, inventiva y poesía.

 

 

NH/I