El cambio climático, que incluye el aumento de las temperaturas mínimas y la intensificación de la isla de calor urbana, junto con la urbanización desordenada y las deficiencias en servicios básicos, han provocado que el dengue se establezca de manera permanente en la Zona Metropolitana de Guadalajara, pese a que por la naturaleza y altitud de la región anteriormente era considerada una zona poco favorable para la propagación del Aedes aegypti.
Así lo advierte la investigación “Vulnerabilidad de la población ante la infestación generalizada del Aedes aegypti en Guadalajara y Zapopan: Implicaciones para las estrategias de prevención del dengue”, la cual documenta cómo las nuevas condiciones climáticas y urbanas modificaron el comportamiento del mosquito transmisor y aumentaron el riesgo sanitario en la región.
El estudio señala que actualmente Guadalajara y Zapopan registran temperaturas superiores a los 16.9 grados centígrados, condición necesaria para que el Aedes aegypti sobreviva y se reproduzca de manera constante. A esto se suma el efecto de las lluvias, que favorecen la acumulación de agua en recipientes, basura y espacios con drenaje deficiente, generando más criaderos potenciales.
La investigación también identifica que las zonas con mayores carencias en el suministro de agua potable presentan una mayor vulnerabilidad, ya que muchas familias almacenan agua en cubetas, tambos y tinacos abiertos, facilitando la reproducción del mosquito dentro de los hogares.
Durante 2025, Jalisco registró por primera vez la circulación simultánea de los cuatro serotipos del dengue: DENV-1, DENV-2, DENV-3 y DENV-4. Esta condición incrementa el riesgo de reinfecciones y de cuadros graves como el dengue hemorrágico, particularmente en municipios como Guadalajara y Zapopan, donde además se reportaron las tasas más altas de mortalidad y morbilidad.
Como parte del análisis, especialistas realizaron muestreos en viviendas de ambos municipios y encontraron huevos o larvas de Aedes aegypti en el 100 por ciento de las casas revisadas, evidenciando una infestación prácticamente generalizada. Además, detectaron una baja cultura preventiva, marcada por el uso frecuente de recipientes abiertos y la escasa fumigación doméstica.
El estudio advierte que el mosquito posee una gran capacidad de adaptación. Sus huevos pueden sobrevivir entre siete meses y un año en condiciones secas y el insecto puede completar su ciclo de vida en apenas 10 días bajo condiciones favorables. Además, se trata de una especie completamente adaptada al entorno humano y capaz de reproducirse incluso en agua limpia.
Ante este panorama, los investigadores concluyen que el combate al dengue debe abordarse desde una estrategia integral que combine acciones sanitarias, mejoras en infraestructura urbana y programas permanentes de educación comunitaria para eliminar criaderos y reducir la transmisión del virus.
CES









