Existe un instrumento tan antiguo como la humanidad y tan vigente como cada nuevo amanecer: el remo.
Ha acompañado a pueblos de todos los continentes, a exploradores, pescadores y navegantes. Gracias a él, las embarcaciones han cruzado mares, sorteado tormentas y alcanzando destinos que parecían imposibles. Un remo permite avanzar, cambiar de rumbo cuando es necesario, detenerse para reflexionar, alejarse de los peligros y acercarse a nuevas oportunidades. En las antiguas galeras, fueron los remos los que impulsaron enormes embarcaciones de un continente a otro. Sin embargo, el remo no es más que un sencillo trozo de madera; la diferencia siempre ha estado en quien decide tomarlo.
Cada ser humano posee un remo. Algunos lo descubren pronto; otros tardan años en reconocer que lo poseen. Algunos lo usan con valentía; otros esperan que las corrientes los lleven a un mejor lugar. Pero las corrientes rara vez nos conducen al destino que soñamos. Por eso, cuando el mar se agita, cuando aparecen los rápidos y el cansancio amenaza con vencernos, la respuesta sigue siendo la misma:
Toma tu remo y rema.
Todos enfrentamos circunstancias que escapan a nuestro control. No podemos gobernar el clima, las decisiones de los demás ni muchos de los acontecimientos que nos rodean. Pero siempre existe algo que sí nos pertenece: nuestra respuesta ante esas circunstancias.
Tomar el remo significa asumir con responsabilidad aquello que sí depende de nosotros. Significa dejar de preguntarnos únicamente “¿Por qué sucede esto?” para comenzar a preguntarnos “¿Qué puedo hacer ahora?”. Significa reconocer la realidad como es y actuar sobre nuestra área de influencia. No siempre podremos cambiar lo que sucede, pero siempre podremos decidir cómo responder y qué dirección tomar. Pero no basta con tomar el remo…
Hay que seguir remando.
Muchas personas comienzan con entusiasmo, pero abandonan cuando aparecen las primeras dificultades. Otras avanzan durante un tiempo y luego se dejan vencer por el miedo, la comodidad o la resignación.
Sin embargo, los grandes destinos rara vez son alcanzados por esfuerzos ocasionales; son el resultado de seguir remando: mantener el remo en movimiento cuando los resultados todavía no son visibles y cuando la costa parece lejana. Cada remada parece pequeña, pero miles de ellas terminan construyendo travesías extraordinarias. Por eso, una de las mayores tragedias humanas no es fracasar: es perder el remo.
Perder el remo significa renunciar a nuestro poder: convencernos de que nada depende de nosotros y renunciar a nuestra capacidad de elección. Perder el remo es dejar que las corrientes decidan y quedar a la deriva.
Nuestros tiempos con frecuencia nos invitan a creer que el individuo tiene poco o nulo impacto. Sin embargo, la historia demuestra lo contrario: cada transformación comenzó cuando alguien decidió remar en la dirección que consideraba correcta.
Cuando una persona rema con convicción, con frecuencia inspira a otras a hacerlo. Su ejemplo se vuelve una invitación silenciosa al movimiento y al cambio. Pero incluso si nadie más decide remar, aunque no puedas mover otras embarcaciones, siempre podrás conducir la tuya hacia una costa más segura.
Y cuando llegue el final del viaje, podremos decir que no vivimos a la deriva, esperando que las corrientes decidieran por nosotros. Que la vida nos encuentre con las manos firmes sobre el remo, avanzando hacia un destino elegido conscientemente.
Por eso, hoy y siempre:
Toma la vida por los remos.
Asume tu poder, define tu rumbo, mantén el remo en el agua… y rema. Rema cuando haya viento a favor, cuando haya tormenta, cuando tengas certeza y también cuando tengas miedo. Al final, una vida bien vivida es aquella que nunca renunció a su remo y que eligió seguir remando, siempre remando en la dirección correcta.
*Directora General Remus & Asociados Consultores
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