La contaminación por lixiviados en Huaxtla y zonas aledañas de Zapopan muestra la falta de compromiso de los tres niveles de gobierno para proteger el medio ambiente, lamentó el especialista en temas hídricos, Arturo Gleason Espíndola.
El investigador cuestionó además el conflicto de interés en la supervisión ambiental, al señalar que es la propia autoridad la que genera la contaminación, mientras que el encargado de sancionar forma parte de la misma estructura política y familiar del gobierno municipal:
“El que tiene que sancionar y está cuidando es el hijo del presidente municipal y es una lástima porque vemos la corrupción y la omisión”.
El especialista advirtió que las autoridades continúan tomando decisiones sin fundamento técnico ni precisión, apostando a que la ciudadanía y los denunciantes olviden el tema para seguir aprobando proyectos que perjudican a la población:
"Picachos es una evidencia más del desorden urbano que ya nos está cobrando factura, sumado a la falta de planeación tras la construcción de tantos desarrollos verticales", afirmó.
Gleason criticó la opacidad de los gobiernos y su falta de apego a los protocolos de emergencia ambiental, los cuales deberían traducirse en estudios inmediatos e intervenciones en la zona afectada.
El experto subrayó la urgencia de analizar qué tipo de contaminantes han caído al Río Milpillas y durante cuánto tiempo han dañado el agua y el subsuelo. Advirtió que la exposición prolongada a estas sustancias provoca daños irreparables al ecosistema y graves riesgos a la salud de la población, como cáncer, leucemia o problemas de desarrollo en las futuras generaciones.
Finalmente, el especialista advirtió que limpiar y restaurar el Río Milpillas será un proceso muy costoso que requerirá tecnología especializada y muchos años de trabajo continuo.
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