Dentro de Casa Jalisco, la residencia oficial del gobernador Pablo Lemus Navarro, las personas que fueron detenidas el domingo pasado recibieron golpes y tortura psicológica. Así lo relató Alejandra, quien fue una de las 39 personas arrestadas que fueron trasladadas hasta la Fiscalía del Estado (FE), donde unas horas después fue liberada.
Al compartir su testimonio, confirmó que los tuvieron privados de la libertad en un salón del inmueble ubicado sobre la avenida Manuel Acuña.
Alejandra forma parte de Casa Quinqué, una organización civil dedicada a actividades culturales, sociales y de derechos humanos. El domingo pasado ella y algunos de sus compañeros decidieron acudir a la manifestación para exigir agua limpia en los hogares de la ciudad.
Relató que al llegar a Manuel Acuña y López Mateos les informaron que había un enfrentamiento con policías, pero sabían que uno de sus compañeros ya estaba dentro, con su esposa y su hijo, por lo que tres de ellos fueron a buscarlos.
Cuando ella tomaba fotografías y videos de lo que ocurría, se dio cuenta que llegó una tanqueta de agua. “Empecé a grabar, pero nunca pensé que fuera a terminar tan violento”, relató.
Alejandra observó cómo detuvieron con violencia a un joven y ella advirtió a los policías que los estaba grabando. “Les dije que ellos también eran pueblo, que por qué estaban defendiendo lo indefendible. En eso sentí que me jalaron de la mochila y tres mujeres policías fueron las que me sometieron. Yo soy una persona grande, mido 1.76, y las policías estatales que me agarraron eran bajitas, me empezaron a golpear y se unió un cuarto elemento hombre y fue quien me empezó a dar con la macana”.
Una vez que la sometieron, la trasladaron a Casa Jalisco. “En el trayecto empecé a sentir muchos golpes. Me decían muchas groserías, que eso me pasaba por puta, que era una pendeja, que eso nos pasaba por haberlos agredido. Yo les decía que yo no les hice nada”.
Entre golpes y jalones de cabello, Alejandra comenzó a ser arrastrada por la calle Ontario. “Me tiraron al suelo y me decían ‘párate, párate’. Yo me quería levantar, pero no podía, porque me estaban golpeando. Vi a un reportero conocido y le pedí que le dijera a Martín que me detuvieron”.
Con una pashmina que llevaba en el cuello le cubrieron la cara y la siguieron arrastrando hacia Casa Jalisco. Ahí perdió los tenis y se bajó el pants que llevaba puesto. “Mi trasero quedó todo raspado”.
Alejandra fue ingresada a Casa Jalisco, aunque antes le quitaron el teléfono celular. Ya dentro de la finca los policías con los que se cruzaba la golpeaban, además que al darse cuenta que estaba descalza comenzaron a pisarla.
En Casa Jalisco la metieron en un salón donde había un número importante de policías uniformados de pie: “Mi temor era que me iban a golpear más, que me iban a desaparecer, mil cosas en la cabeza. Antes de meterme, otro elemento me dio un golpe en la cara. (Luego) me dieron mi celular ya todo desbaratado”.
En el cuarto al que ingresó estaban los demás detenidos. Recordó que entonces estaba alterada y comenzó a gritar a los policías, pero una de las jóvenes que estaban ahí la calmó. Luego llegó una persona que dijo ser de Derechos Humanos y le pidió su nombre y edad. Ahí permanecieron una hora y media y los trasladaron en un autobús, donde los policías se referían a las mujeres como “las toxis”.
Agregó que en la Fiscalía el trato fue diferente. Les tomaron datos escuetos y una declaración que no se reprodujo completa. Alejandra fue una de las primeras personas liberadas. Ahora, se recupera de un derrame en el ojo, múltiples golpes y una intensa molestia en las cervicales que requerirá atención médica especializada.
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