La contaminación ambiental del río Santiago no es un fenómeno reciente, sino el resultado histórico de verter sin tratamiento los drenajes del Área Metropolitana de Guadalajara (AMG) y de diversos municipios, con la complacencia de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), la Comisión Estatal del Agua (CEA) y el SIAPA, denunció Alan Carmona, integrante del colectivo Un Salto de Vida.
El activista reprochó la falta de conciencia histórica de la metrópoli sobre los riesgos de contaminar sus fuentes de abastecimiento, desmintiendo además las versiones oficiales sobre el origen del agua potable que consumen las familias tapatías.
Carmona criticó la narrativa gubernamental que sostiene que el Lago de Chapala abastece en un 60 por ciento el consumo hídrico de la metrópoli, omitiendo que al menos un 20 por ciento de ese flujo proviene directamente del río Santiago, cauce que recibe descargas tóxicas de poblaciones y de los corredores industriales de Ocotlán y Poncitlán.
El integrante de Un Salto de Vida enfatizó que las actuales reformas modificaron el marco legal e institucional mexicano para debilitar los controles regulatorios. A esto se suma el desmantelamiento operativo de las dependencias ambientales registrado desde el sexenio federal anterior.
Puntualizó que la plantilla de inspectores encargados de vigilar y sancionar descargas en la cuenca del río Santiago sufrió un recorte del 75 por ciento, volviendo imposible la supervisión de miles de industrias, por más voluntad técnica que exista.
Carmona cuestionó la visión tradicional de "progreso y modernización" impulsada en la entidad, señalando que la planificación urbana e industrial debe cambiar de raíz para respetar los derechos humanos a un medio ambiente sano, agua limpia y una vida digna.
Instó a los tres niveles de gobierno (Federal, Estatal y Municipales) a construir soluciones integrales y coordinadas que prioricen la salud comunitaria por encima de la especulación inmobiliaria y la desregulación empresarial.
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