Escribe libro sobre el barrio de Mezquitán

Tardía. Luego de una sólida carrera como pintor, Aguilar Ortiz se estrena en la escritura por la fuerte necesidad de comunicar las vivencias de su barrio. (Foto: Grisel Pajarito)

Contar tiempos difíciles, la dureza de la pobreza, la grandeza a del arte y de la amistad, lo reconfortante de las artes –los libros y el cine–, cuenta Raúl Ernesto Aguilar Ortiz en su libro Memorias irreverentes.

Lo que comenzó siendo un libro para hablar sobre su trayectoria y las personas que compartieron el camino de su vida terminó en una crónica del barrio de Mezquitán: "El lugar en el que nací, en el que hice mis obras, en donde me casé, en donde he visto pasar el tiempo".

Además de dedicarse a las artes plásticas, sobre todo a la pintura con óleo, un día ya en su edad adulta decidió contar su historia. Ésta fue seleccionada en las publicaciones del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes (CECA), y se presentó en mayo en la Feria Municipal del Libro.

"Las anécdotas salieron como en chorro. Descubrí que la escritura era otra forma de entender cosas que no había reflexionado. Cosas que dolieron, misterios de la familia que luego marcarían mi destino", contó.

"Este libro abrió las puertas y cada día voy juntando más historias que quiero contar. Algunas increíbles. Algunas que tienen que ver con la idiosincrasia del barrio".

No es un libro color de rosa, asegura el autor. De hecho no quiere volver a leerlo porque sólo las correcciones le hicieron volver a llorar en algunos de los capítulos.

Algunas en tono desenfadado, otras más en tono gracioso por las ironías y accidentes de la vida, pero también melancólico por los tiempos que se fueron, Aguilar Ortiz recorre en su libro las calles de Mezquitán y sus usos y costumbres.

Lo cierto es que además esta es una forma de hablar de Guadalajara en su totalidad. Una ciudad que él mismo ha conocido en sus varias caras.

"Ya no me gusta", dijo. "No me gusta cómo se ha transformado y cómo cada vez se conservan menos nuestras tradiciones, cada vez pertenecer a un lugar le importa menos a la gente".

La portada de Memoria irreverentes es un cuadro del propio pintor que tiene su estudio, o su madriguera, como él lo llama, en su casa. Un lugar más o menos grande y antiguo dentro del barrio lleno de pintura y libros, donde estudia y desarrolla aún con un dolor de espalda que le aqueja desde hace años, las ideas para sus bodegones, sus alacenas y sus próximos y textos.

Su amor por María Félix, a quien conoció, su trabajo con José María Servín, de la historia de la ruina de su padre, un regidor del ayuntamiento, así como las historias de amor que lo llevaron a los brazos de la madre de sus hijos y en realidad anécdotas íntimas que le ayudaron a desprenderse de una gran carga de encima, como una catarsis, son parte de su ejercicio.

El libro puede encontrarse ya en algunas librerías del municipio como La Pasajera y Librerías El Viaje.

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FRASE

"(Guadalajara) No me gusta cómo se ha transformado y cómo cada vez se conservan menos nuestras tradiciones, cada vez pertenecer a un lugar le importa menos a la gente"
Raúl Ernesto Aguilar Ortiz, artista

JJ/I