La recolección de la tradición oral

Cercanía. Villoro, junto a Fernando del Paso, en su más reciente visita a Guadalajara. En entrevista comparte su visión de Arreola. (Foto: Especial)

El escritor Juan Villoro considera los premios y celebraciones que se le hacen al escritor como una especie de coincidencia del tiempo, aunque se dijo feliz de recibir el Premio Jorge Ibargüengoitia de Literatura otorgado por la Universidad de Guanajuato, como se anunció el mes pasado. La razón es que el escritor y dramaturgo orbita su obra como, dice, le orbitan obras como la de Juan José Arreola.

Además, Villoro conoció a Arreola en vida, en una circunstancia muy particular: este último era un fanático de varias cosas, de, entre muchas, el pingpong, y Juan Villoro un joven jugador.

“En su casa él tenía una tertulia a la que yo llegué a los 14 años”, contó en entrevista. “En la sala sólo había una gran mesa de pingpong que él había hecho, le había puesto lacas chinas con muy cuidadoso barniz para que la pelota tuviera un bote de 17 centímetros, exigido por la federación nacional de tenis de mesa, en el cuarto del fondo, donde se fumaba muchísimo, estaban los ajedrecistas, al fondo los ajedrecistas y en la sala los que jugábamos pingpong”.

Como todas sus actividades, él convirtió esta experiencia en algo literario, donde había metáforas y dichos famosos alrededor de cada movimiento.

“Una vez me preparé bastante para participar en el torneo de tenis de mesa del Distrito Federal y él me acompañó a ese torneo, ahí me tocó en la primera ronda con un jugador que además era conductor de metro y que jugaba como si condujera el metro: te arrollaba. Era un jugador muy ofensivo, se llamaba Modesto, y yo era un jugador defensivo. Entonces le pedí consejo al maestro Arreola qué hacer. Me dijo, mira, es difícil, pero si lo metes a tu gallinero, le quitas lo pavorreal”, contó Villoro.

Sobre la expresión literaria, el escritor mexicano contó sobre Arreola la fuerza que le daba a la palabra tanto en la expresión oral como en la escrita al adentrarse en su escritura desde muy joven y en contacto personal.

“Es impresionante que un libro como el Bestiario, con esa tensión estilística extraordinaria, haya sido producto de la invención oral. Tal vez el amanuense José Emilio Pacheco corrigió algún detallito porque es de esos momentos en que se dio la combinación de dos grandes escritores en un mismo momento, José Emilio se arrepintió toda su vida de haber echado a la basura los borradores de ese libro, donde probablemente hubiéramos podido ver los cambios de adjetivos que iba ensayando Arreola”, dijo.

“Creo que Arreola en algún momento pagó el precio de su inmensa vocación oral en los últimos años de su vida, donde se dedicó más a la televisión, no siempre de la mejor manera, favorecido por la sociedad del espectáculo y la televisión, donde derrochaba su talento y su trayectoria, pero creo que en el caso de Arreola donde la palabra genio se le aplica es en sus textos”.

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