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Conahcyt: la ‘h’ es muda

En el preámbulo de la próxima administración presidencial, el capítulo dedicado a la elección de María Elena Álvarez-Bullya como futura cabeza del Conacyt ha sido uno de los más interesantes.

Pocas veces se ha cuestionado el perfil y las convicciones de quien dirigirá a dicha institución. Del actual director, Enrique Cabrero, muy poco sabemos sobre su postura acerca de los transgénicos o de cualquier otro tema, especialmente controversial. Además, su línea de investigación es en administración pública y no en las ciencias naturales o formales. Y ahí es donde está el meollo del asunto; parece haber una división entre la comunidad de investigadores, los que pertenecen a las ciencias duras y los que están en las blandas (léase sociales) y las humanidades.

Por eso saltaron los reclamos ante el anuncio de Álvarez-Bullya de cambiarle el nombre al Conacyt para que incluya una ‘h’ como Consejo Nacional de Humanidades, Ciencia y Tecnología (Conahcyt). Con una visión limitada de las humanidades, algunos científicos temen que ello sea en menoscabo de la inversión en ciencias naturales y formales.

Sorprende que los quejosos no estuvieran enterados de que el Conacyt financia proyectos de investigación en ciencias sociales y humanidades desde hace mucho tiempo, sólo que esa ‘h’ permanecía muda. A nivel mundial, los investigadores en estas áreas sienten el acoso de tener que probar el valor de su trabajo una y otra vez. Es verdad que resulta más complejo exigir con igual vehemencia que la inversión para investigar en medicina se justifique de la misma manera que los estudios sobre literatura clásica. Pero eso no significa que los investigadores en letras deban estar constantemente arrinconados.

Por eso, ha habido propuestas de conformar un consejo de humanidades aparte. Pero lo cierto es que, si deseamos caminar hacia un modelo transdisciplinario de la investigación, probablemente no tendrá mucho sentido separar la administración de recursos. Además, crear otra estructura burocrática probablemente sea lo menos deseable, en lugar de dirigir esa inversión directamente a proyectos de investigación.

Por otro lado, el tropiezo de Álvarez-Bullya al girar instrucciones a la actual administración del Conacyt sin ser todavía la titular, en el sentido de que no se comprometan recursos del instituto para el próximo año, aumentó la oleada de críticas. Esto tampoco es nuevo. Basta recordar los recortes en este sexenio de las becas para posgrado y otros proyectos de investigación.

Podríamos cuestionarnos si los reclamos han sido desmedidos o esconden otras agendas. Pero sin lugar a dudas es una buena noticia que toda política científica, tecnológica y cultural se discuta públicamente. Quizás de esta hipercrítica podamos girar los reflectores de todos los ciudadanos a lo que se hace en México en materia de investigación.

Opinión de: brenda.ramosv@gmail.com

JJ/I