A degustar a Jalisco con sus Colores y Sabores

Impulso. La iniciativa acerca a los pobladores de Guadalajara con los alimentos e ingredientes típicos de sus regiones. (Foto: Grisel Pajarito)

A las once de la mañana ya estaban listos los puestos alrededor del patio central del Ex Convento del Carmen en el Festival Colores y Sabores de Jalisco. Ahí, productores y cocineros provenientes de varios municipios del estado aguardaban para que los clientes, comensales y curiosos llegaran. A esas horas, todavía con el cielo medio nublado, la especialidad era el café con rompope, de Atotonilco el Alto.

En la otra esquina ya estaban prendiendo y la manteca calientita, pues las enchiladas, de carne, queso y papa, iban a comenzar a freírse.

“Siéntese aquí, que va llevar, le ponemos una silla en que no le dé el Sol”.

Aunque no es gratuita, el precio es asequible: tres enchiladas por 20 pesos y el agua de lima a 15. Los manteles de frutas, los servilleteros y las salsas como en los pueblos.

En este primer pasillo está la cocina improvisada. Además de enchiladas hay quesadillas fritas de frijol y masa más ácida de lo normal de Manzanilla de las Paz y sopes de La Prieta, esos vienen de Jalostotitlán.

En el pasillo de enfrente hay productos más especializados, parece que las mermeladas también tienen su auge, tanto las de naranja agria, como las de membrillo, pero también las de calabaza y las de manzana. Éstas vienen de Tecolotlán, de Ixtlahuacán de los Membrillos y de Concepción de Buenos Aires.

De Zapotlán trajeron salsas, que degustan los comensales en pedazos de tostadas raspadas. Hay hasta cervezas artesanales y otros licores para llevar de varios municipios.

No hubo mucha afluencia en la mañana. Dos mujeres y un hombre llegan al puesto de las enchiladas y les toman el pedido. “Así nos ha ido, ayer hubo más gente por la tarde, pero los días buenos son los fines de semana”, dijo la cocinera de las enchiladas, “los que más vienen son los que trabajan aquí en el edificio”, dijo refiriéndose a los trabajadores del Ex Convento. Los tres que llegaron trabajan aquí. “¿Qué les ponemos a sus enchiladas?”, les pregunta. “Lo que le pongan allá, queremos probar”, contesta una de las mujeres que ha tomado su lugar. Después de un rato comienzan a hablar sobre los otros atractivos de Atotonilco el Alto.

“Tienen que ir a la feria o al festival del café, nomás porque todo esto estuvo muy improvisado, la próxima traemos volantes para que se animen”, les dijo la señora después de explicarles cómo llegar al municipio en carretera.

El Festival Colores y Sabores de Jalisco estará todavía hoy desde las 10 de la mañana y hasta las 18 horas.

En el mismo pasillo de enfrente tiene un refrigerador un hombre con camisa de botones y sombrero blanco que, cada vez que ve pasar a un curioso le increpa: “¿No va a llevar?, ¿no va a llevar? pásele o lo tiramos a la basura”. Vende nieves de garrafa y hay de limón, chocolate, ciruela, vainilla y nuez. Su especialidad es la de elote: tiene una consistencia mucho más espesa que las nieves normales, y sabe como a pan de elote, aunque claro, más frío.

A su lado señoras venden pan dulce, cajetas, productos derivados de la miel, hasta del mezcal. Así, más o menos transcurrió la mañana ayer en el festival Colores y Sabores de Jalisco, un evento organizado por la Secretaría de Cultura del estado, a través del Museo de Artes y Culturas Populares que busca acercar a los tapatíos a los diferentes sazones que hay en las diversas regiones del estado.

Aunque los productos están a la venta, vienen a precios bajos y hay degustación de casi todo: la idea es llevarse probaditas de varias cosas y poder invitar a los tapatíos a los otros municipios que resguardan sus tradiciones a través del paladar.

JJ/I