Con amor al café y sus productores

Rescate. El proyecto comenzó de manera informal en el 2012 en una visita a Chilón, Chiapas, para conocer a la cooperativa Yomol A’tel. (Foto: Especial)

Para ti, una taza de café te puede saber sabrosa y como grato despertador cuando tus neuronas aún no agarran ritmo para trabajar, pero para este par de realizadores es mucho más, es una historia que ameritó un documental que se estrena en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara.

A six dollar cup of coffee (Una taza de café de seis dólares) es el documental de Andrés Ibáñez Díaz Infante y Alejandro Díaz San Vicente que habla sobre una cooperativa que trabaja el café en Chiapas y que mostrarán el 14 de marzo en la sección de Cine Culinario, en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara.

El proyecto comenzó de manera informal en el 2012 en una visita a Chilón, Chiapas, para conocer a la cooperativa Yomol A’tel. A pesar de ser fuertes consumidores de café, se dieron cuenta de su falta de conocimiento de la cadena productiva del café y de la lógica del pueblo tzeltal bajo la cual se ordenaba la cooperativa.

“Esta historia no es de buenos ni de malos, sino de seres humanos ante decisiones complejas tratando de hacer lo mejor posible dentro o fuera del sistema comercial. Desde el agricultor trabajando en las campadas hasta el barista de alta trayectoria todos tienen una historia válida que contar alrededor del grano y de cómo éste ha transformado sus vidas”, dijo Andrés Ibáñez Díaz Infante.

Añadió que en un principio es fácil dejarse llevar por los sentimientos de la gente que ayuda a los indígenas, porque te muestran cómo viven en opresión, conocer las otras perspectivas como la del tostador y/o baristas, muestra que no hay buenos ni malos y que es un negocio.

“Todos los personajes aportan algo hacia el café y esperamos que la gente tome su propia verdad”.

Aunque la edición de A six dollar cup of coffee resultó un gran reto, porque se filmó durante cuatro años, los creadores afirmaron que conforme iban descubriendo a los personajes sabían que ellos serían los aristas del verdadero protagonista que es el café, por lo que buscaron enfocar la problemática que existe alrededor de éste.

Para lograrlo los cineastas acompañan al director comercial de la cooperativa a Seattle, Washington, Estados Unidos, al evento anual de la Asociación Americana del Café para exponer su producto y modelo de negocio.

Además de las charlas con tostadores y baristas, el documental de 74 minutos, que próximamente tendrá su estreno internacional, pondera cómo los cafeteros tzeltales luchan contra la plaga conocida como la roya, un hongo que ha destruido al menos 70 por ciento de las cosechas del grano en México.

Amor a la música

Este FICG es trascendental para Ibáñez Díaz Infante, ya que también llegó con su ópera prima, Sacúdete las penas bajo el brazo para presentarla a la prensa y a distribuidores.

Se trata del filme de ficción protagonizado por Arturo Barba, Daniela Barcelo, Melissa Barrera y Alejandro Calva, Valentín Trujillo y Gustavo Sánchez Parra.

La cinta cuenta la historia de un amante del baile que se mete en problemas por mujeriego, termina en la cárcel y dentro del encierro encuentra libertad en el baile.

El filme, con locaciones en la Ciudad de México y en San Luis Potosí, transcurre en la prisión del Palacio de Lecumberri.

“Yo soy melómano y nace porque mi papá me pidió un día que le comprara música de Bienvenido Granda, y la puse camino a San Luis y desde entonces se me vino a la mente cómo sería la vida de un bailarín en los 50, pero también pensaba en esa época en Lucumberri”, recordó el cineasta.

“Así que el protagonista, Pepe, es porque era un cuate bravucón, mujeriego, yo las puedo todas, y esa lección de vida le cuesta todo, pero a través de la música y la imaginación, le da un sentido a la esperanza, donde no te llegan ni los rayos del Sol, y puedas sobrevivir”.

Roberto Sosa es el villano de la cinta, el responsable de mantener el orden y la disciplina, pero con toda la intención de acorralar al protagonista.

“Para mí, esta película es como un homenaje a la imaginación, quise crear algo, para ya después, moldearla realidad. Yo vi documentales y libros de Lecumberri, y todo lo que hay dentro de esa etapa y sirvió para construir esa ficción”, recordó el cineasta.

“Por ello a Roberto le dije que se encerrara toda una tarde en una sala en una celda de la cárcel de San Luis que ya se deshabitó, pero puedes sentir la vibra de las celdas y él estuvo en la más pesada para sentir la presión para su personaje”.

JJ/I