Volver humanos a los semidioses

Compromiso. Roberto Castelán ha estado al interior de la UdeG durante 43 años y describió como necesaria una actitud crítica constante y un contraste con la universidad teórica. (Foto: Mónika Neufeld)

Entre todos los retos literarios en la vida del historiador y académico Roberto Castelán Rueda, el de la novela es su favorito. La más reciente aborda una historia polémica: El Rector, como se titula, cuenta en sus páginas los hechos y las ideas de tragedia y traición dentro de la Universidad de Guadalajara en el conflicto entre Carlos Briseño Torres y Raúl Padilla López que culminó en 2009 con el suicidio del primero.

Después de presentar en Guadalajara la novela publicada por la editorial Paraíso Perdido, el doctor Castelán Rueda, quien fue parte del Consejo de Rectores cuando todo ocurrió, habló con NTR sobre el papel de la ficción y de la novela para describir una historia de la que, de alguna manera, todos los tapatíos fueron testigos.

“Buscas entender al ser humano. Como novelista, humanista, tienes que tratar de entenderlo, no justificarlo sino entender cómo un personaje llegó a donde llegó con el análisis del bien y el mal”, dijo sobre la intención de la novela que terminó hace dos años.

Castelán ha estado al interior de la Universidad de Guadalajara durante 43 años y describió como necesaria una actitud crítica constante y un contraste con la universidad teórica, lo que una universidad debería ser y la real, es decir la de Guadalajara, en donde todo funciona con reglas no escritas y fundamentadas desde hace muchos años, para escribir una historia de la que estuvo tan cerca.

“Es muy difícil, pero muy interesante porque es un ejercicio de profunda reflexión y de autocrítica, porque de lo contrario sería panfletario. Fíjate, haz un experimento con los políticos y pregúntales cuál es su mayor defecto, se van a tomar más de 20 segundos en contestar y en realidad van a plantear como defecto una gran virtud, eso sucede con todas las personas; es difícil encontrarles defectos a tus amigos, muy difícil encontrarle defectos a tu pareja y a las personas con que convives, se establece cierta complicidad por así decirlo, es difícil tomar distancia en ese sentido, el general de un ejército no habla bien del ejército contrario ni mal del suyo”, dijo.

Esta fue la primera historia que Castelán escribió después de la jubilación y por lo rápido que salió y la manera tan natural y fluida, incluso planteada con la estructura que conserva –con el cambio constante de voz narrativa, la descripción casi en espiral–, el autor piensa que era una historia que estaba ahí, que tenía que ser contada y que no podría ser contada sino como una novela.

“No me quería encerrar para nada con estas reglas de la historia, con pie de página, citando, con el APA. Lo que yo quería era dejar la pluma libre y que me llevara a donde me llevara y así ocurrió, los personajes te van llevando hacia donde quieren y es muy distinto a la historia donde investigas y ya sabes por dónde va la investigación”, contó.

“Me puse a pensar más que en retratarlos como grandes personajes conductores de hombres y de almas, dejarlos como personas que están en crisis, como estos matrimonios que se separan donde si tú eres amiga de la novia le vas a echar la culpa al novio o viceversa, lo quise ver así: dos personas, no un bueno ni un malo, metidos en una crisis y a su alrededor varias voces. No quise hacer la historia de dos personajes con posiciones de poder sino dos personajes que sufren por una ruptura, aunque no lo quieran afrontar, los dos personajes no están tratados en sus psicologías particulares, sino en la psicología de un enfrentamiento que a lo mejor nunca quisieron provocar sino que se vieron en esa circunstancia”.

El poder

Aunque uno lo esperaría, Raúl Padilla, o El Líder dentro de la novela, no tiene tics ni manías extrañas propias de los dictadores en las novelas latinoamericanas. Es un ser que se equivoca, que sufre. También El Rector sufre y el desenlace de la historia, que cualquiera que conozca un poco la historia conoce, llega amargo igual. El poder en esta historia parece un personaje propio, uno que tiene su propia fuerza y al que nadie puede renunciar.

“El ser humano no ha podido resolver el problema del poder porque está relacionado con el creernos dioses o semidioses”, explicó Castelán, “esa es la gran nostalgia del ser humano según los griegos. Los dioses del Olimpo los expulsaron de Mecona, donde convivían con los dioses y en el cristianismo y el judaísmo los expulsan del paraíso, siempre somos expulsados y buscamos volver a encumbrarnos en el poder aquí en la Tierra”.

Nosotros participamos en esa mitificación del poderoso, dijo el autor, en volver dioses o semidioses a seres humanos: les hacemos antesala, si nos lo encontramos en un restaurante lo señalamos, participamos en ese endiosamiento y, por supuesto, al poderoso le gusta.

“Para mí no hay poderoso, en esta novela, al contrario, nunca nos imaginamos al poderoso sufriendo, ellos se cuidan mucho de eso, nunca vas a ver al presidente o al gobernador llorando, o teniendo un berrinche y pataleando... Los ves como seres de una sola pieza, que toman siempre la decisión correcta, la que siempre es estratégica y es importante para los otros y se sacrifican por los otros. Aquí no, son personas que sufren por una relación que se les fue de las manos y donde están mostrando su peor rostro. Son pobres seres humanos como cualquiera de nosotros”, dijo Castelán.

Cuidando sólo respetar el dolor de la familia del personaje principal, esta novela busca testificar nuestro tiempo, ser parte de una historia que, aunque muchos conocen, nadie cuenta. Testificar a los personajes importantes y sus peores caras.

“Nos hace falta escribir más, ser más testigos, en 200 años si alguien quiere ver la historia de Guadalajara habrá un vacío, habrá historia académica, pero no la autobiografía de grandes personajes intocables o biografías críticas, esos tipos de documentos son los que buscan los historiadores, si te ubicas 200 años y dices voy a estudiar Guadalajara hay pocas fuentes. Deben escribirse. También la historia de la Universidad que está detenida hasta Zuno y no se habla de 1980 a la fecha y hace falta”, dijo.

El libro ya puede encontrarse en algunas librerías y en la página web de Paraíso Perdido. Tiene un precio aproximado de 200 pesos.

"Lo que yo quería era dejar la pluma libre y que me llevara a donde me llevara y así ocurrió, los personajes te van llevando hacia donde quieren y es muy distinto a la historia donde investigas y ya sabes por dónde va la investigación”, contó.

“No quise hacer la historia de dos personajes con posiciones de poder sino dos personajes que sufren por una ruptura”

“El ser humano no ha podido resolver el problema del poder porque está relacionado con el creernos dioses o semidioses
Roberto Castelán, escritor

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