Encuestas, AMLO y la realidad

“A un mes exactamente de que terminen en México las campañas en México –publicó ayer el periódico El Universal– vale la pena resaltar el triste papel de las encuestas en la elección colombiana: solamente uno de los ejercicios (encuesta) difundidos por medios tradicionales acertaron la conformación de la segunda vuelta. Por lo que respecta a la polarización generada por el candidato considerado ‘populista’, muchos anticipaban una victoria incluso en vuelta única, cosa que no sucedió, incluso quedando a una considerable distancia de (Iván) Duque (39.13 por ciento de los votos). Al final parece que impera la razón y el voto útil y no las redes y las encuestas. ¿Será así en México?”.

En el diario El Financiero, Gabriel Casillas, director general adjunto de Análisis Económico y Relación con Inversionistas de Grupo Financiero Banorte y presidente del Comité Nacional de Estudios Económicos del IMEF, en su colaboración titulada “¿Debemos creerle a las encuestas?” señala:

“(1). Una encuesta es una fotografía del momento en el que se tomó, por lo que no implica necesariamente que así se van a quedar las preferencias electorales hacia delante. (…) En política todo puede cambiar, tan pronto como de un día para otro… (2). Para que una fotografía tenga buena calidad (…), necesitamos que haya sido tomada con un buen lente y con un alto número de megapixeles (digital). En el caso de las encuestas (…): (a) Metodología rigurosa y (b) que las encuestas sean ‘cara a cara’… (3). Las encuestas enfrentan altas tasas de rechazo”, y refiere que Roy Campos (Consulta Mitofsky) “me comenta que la tasa de rechazo es de 50 por ciento”. “(4). Hoy por hoy las encuestas que se están publicando no sólo cuentan con una alta tasa de rechazo, sino con un alto índice de indecisos (de 10 a 38 por ciento)”, y “(5).El ‘voto oculto’, que representa a la población que no contestó la encuesta…”.

Lo anterior viene a colación porque prácticamente no hay día que simpatizantes y detractores de Andrés Manuel López Obrador no festinen o lamenten que el tabasqueño ya ganó la Presidencia de la República porque “así lo dicen TODAS (mayúsculas del columnista) las encuestas”, argumentan unos y otros. Y la celebración o el lamento lo basan en la amplia diferencia que porcentualmente separa a aquél de sus más cercanos adversarios, Ricardo Anaya y José Antonio Meade.

Los simpatizantes de AMLO rechazan o se niegan a aceptar que en lo que resta de las campañas y hasta el día de las elecciones pueda suceder algo extraordinario –así lo califican– que lo lleve por tercera ocasión a la derrota, como si las encuestas fueran las que determinan la realidad y predicen el futuro. Los opositores a López Obrador claman por que suceda un milagro –también así lo califican– en el transcurso de hoy al día de la jornada electoral y no se cumpla lo que hoy proyectan esas encuestas, como si fueran las que acudirán a las urnas a depositar el voto.

Todo lo anterior podemos aplicarlo al caso de Jalisco y la contienda por la gubernatura. Aunque son circunstancias diferentes a la elección federal, nada asegura que Enrique Alfaro no pueda perder el primero de julio.

Además de ser una “fotografía del momento”, hay tres factores que nos llevan a no confiar en las encuestas o a no creer que lo que hoy nos dicen sucederá el día de las elecciones, y que nos dará un resultado electoral final en la realidad: 1. Quienes aún no deciden su voto (indecisos); 2. Quienes no quisieron responder la encuesta pero acudirán a votar, y 3. Quienes contestaron la encuesta pero pudieron dar el nombre de un candidato diferente al que votarán, sólo para quitarse al encuestador de encima.

Nadie puede asegurar, pues, que quienes hoy se dicen ganadores basados en esas encuestas se enfrenten a la realidad. Y si no, al tiempo.

ES TODO, nos leeremos ENTRE SEMANA.

JJ/I