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Cuenta una de las historias del grafiti tapatío

Cuenta una de las historias del grafiti tapatío

Se dice que todos, de alguna manera, somos lo que estudiamos, y en el caso de Ángel Ramírez no podría ser más literal. Cuando era un adolescente en San Sebastián el Grande, un barrio de Tlajomulco de Zúñiga, los amigos de su cuadra hacían grafiti y él decidió hacerlo también durante una corta temporada. Luego en la Licenciatura en Sociología decidió estudiarlo.

“Unos éramos punks, otros eran banderos, a otros les gustaba el hip hop, pero todos encontramos refugio en la esquina de todo lo que pasaba en la ciudad”, dijo en entrevista.

“Quería ver si ese mismo refugio era el que encontraban todas las personas que hacían grafiti en la ciudad, resulta que no, que cada uno utiliza el grafiti de manera personal para exponer y expresar diferentes inquietudes. Cada quien tiene una visión distinta”.

Así comenzó a entrevistar a varios escritores, desde los veteranos, los transgresores, los artistas urbanos consolidados desde el origen que para Ramírez es el oriente de la ciudad, de Oblatos. Las historias de Joker y Ripper, la historia de Diba, de Fixer, que pintó los vagones del tren antes del revuelo que causó en redes un acto similar pero en la Línea 3, una historia de más de 30 años que parece imposible de retratar: cientos de historias y versiones propias que se van enlazando.

“Parece que no hay una historia oficial del grafiti, pero en los circuitos de los mismos escritores de grafiti tienen muy definidos los hitos, los momentos claves que cambiaron la historia del fenómeno en la ciudad y los personajes que lo hicieron. Tienen una historia, sucede que los nuevos chicos que pintan en la calle ya no comparten estas redes de conocimiento ni estas redes de historia porque no se transmitió como sí pasó en Nueva York o en Berlín, donde los monumentos históricos contraculturales se siguen manteniendo y se sigue hablando de los no desde las instituciones, pero desde el underground”, contó.

El trabajo de Ángel no sólo recupera las varias voces de los más populares escritores de grafiti, además analiza a lo largo del tiempo la historia de los académicos que estudiaron en su momento al fenómeno y los hallazgos a los que llegaron, así como el discurso, la cobertura de los medios de comunicación en el momento y la postura de la ley y el poder: cómo los gobiernos municipales, por ejemplo utilizaron el grafiti para legitimarlo en sus espacios y coptarlos con fines políticos, para hacerlo limpio, blanquearlo y ponerle una estrellita a los que sí obedecen.

Recuperar, de alguna manera la historia oral de la que eran guardianes y hacer un análisis desde lo actual. Pero cuanto más investigaba más se daba cuenta de que había mucha más profundidad en esas historias, porque el grafiti no tiene una sola, y que de alguna manera también, éstas sirven para contar a Guadalajara.

EN RESISTENCIA

Para el investigador el grafiti es rechazado por el grueso de la sociedad, incluso por los medios de comunicación, por una sola razón: que representa un error en el sistema, en la vigilancia que quiere controlarlo todo, se pone en jaque la perspectiva del poder, porque aunque los programas gubernamentales quieran ofrecerle espacios al margen de la ley, siempre existirá el tag ilegal y siempre vendrán nuevas generaciones que comiencen de nuevo.

También hay un fuerte elemento clasista: que los que hacen pintas son considerados personas de bajos recursos de barrios en la periferia que asustan a los de arriba porque no se quedan allá, a donde se supone que pertenecen y demuestran además su presencia anunciándose en las paredes del Centro Histórico.

Ese grafiti tapatío en resistencia va construyendo su historia al margen. No es un fenómeno de chicos pobres, como le gusta pensar a la élite: hay chicos de Bugambilias o Providencia que pintan con los chicos de Analco o de Oblatos, rompiendo el límite socioeconómico, o chicas pintando solas en la calle, rompiendo la estructura del género. Hacen una afrenta a la institución y hay una afrenta al capital porque los chicos invierten su dinero en material a cambio de nada.

Defienden los mismos intereses, tienen los mismos referentes y la misma historia, y proponen otra forma de relacionarnos y otra perspectiva del poder.

“Que los jóvenes sólo armados con pintura tuvieron la capacidad de transformar a las instituciones y generar espacio para las próximas generaciones”, dijo a modo de conclusión.

“Pintaban grandes obras, de gran calidad, sin permiso, algo que ya no sucede, una búsqueda de la estética y la creatividad ilegal, quisieron quitarle los colmillos pero al margen siempre existirá la resistencia”.

Para conocerlo

A partir de ayer y hasta el 1 de noviembre en la Biblioteca del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades en su sede de La Normal, el investigador muestra una instalación impresa con realidad aumentada donde cuenta esta historia y sus detalles a través de una aplicación móvil.

Este trabajo fue realizado en el proyecto de documentales Ambulante a través de un co-laboratorio transmedia. Será presentado en el Encuentro Nacional de Estudiantes de Historia.

“Unos éramos punks, otros eran banderos, a otros les gustaba el hip hop, pero todos encontramos refugio en la esquina de todo lo que pasaba en la ciudad”

Ángel Ramírez, investigador

HISTORIA DESDE EL ORIENTE

Según el estudio de Ángel Ramírez, es posible identificar al menos seis momentos en el grafiti tager, es decir, el influenciado por una cultura del hip hop, aunque en Jalisco nació con otra tendencia y que busca, a través de un nombre, anunciar la presencia de un individuo o de un grupo en la ciudad.

El primero comienza de 1987 a 1989 cuando emerge en Oblatos el movimiento tager con un chico que hacía ART, Ripper y Joker.

Luego en 1994 a 1996 cuando nace el grupo Veteranos que también llevan el tager a otras zonas de la ciudad. De ahí viene el mito en la historia paralela a la institucional, de que Guadalajara fue declarada la ciudad con más grafiti del mundo, aunque esto nunca se confirmó de manera oficial.

En 2000 nace lo que denomina la Revolución Bomber, cuando comenzó un movimiento de este estilo.

En 2004 tiene otro gran boom, cuanto toda la ciudad se llenó de esténciles e intervenciones autogestivas, antes de los programas del Pronapred. 

En 2007 comienza desde el gobierno municipal el programa Grafiti en las Colonias.

Ya en 2013 comienza el ignorantismo o préstame tu fondo la respuesta de los grafiteros al arte urbano institucional que consistía en vandalizar las obras con permiso.

JJ/I