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Ni los ven ni los oyen

Hace varios años, el dramaturgo Darío Fo escribió una obra de teatro cuyo título, Pégame, mátame, pero no me ignores, da cuenta de que la indiferencia es una de las formas más agresivas de relacionarse con otra persona. Desde el ámbito de la psicología eso se ha estudiado mucho, y está muy claro el daño que puede provocar en la infancia una actitud de indiferencia paterna o materna, aunque también en la edad adulta puede dañar. 

Es decir, que alguien con quien tenemos una relación, del tipo que sea, nos ignore y se desentienda de lo que nos ocurre envía una señal muy clara de la poca importancia que nos concede. Puede ser que en la edad adulta podamos superar ese impacto, pero recibirlo durante la infancia de parte de los padres es sumamente doloroso y traumático, porque eso hace que la persona crezca asumiendo que su propia existencia es irrelevante y, por lo tanto, carece de valor en cuanto persona. 

Del mismo modo, cuando una autoridad prefiere dedicar su tiempo y los demás recursos públicos a su disposición en atender cuestiones banales en vez de ocuparse de lo que está provocando sufrimiento a las personas a las que debe servir, les hace saber que sus problemas, sus necesidades o sus intereses no le importan y, por lo tanto, para la autoridad esas personas no son importantes. 

Esto lo traigo a cuento porque la semana pasada se dieron dos situaciones que nos pusieron ante la cara la gravedad de la situación de violencia que viene dándose en nuestro país y en nuestro estado desde hace varios años. En un caso, 600 personas residentes del municipio de Teocaltiche tuvieron que huir de sus comunidades debido a una disputa territorial entre dos bandas de delincuentes que ponía en peligro sus vidas. En el otro caso, una joven y sus dos hermanos fueron sacados de su casa por un comando armado, y sus cuerpos sin vida fueron encontrados tirados en una carretera dos días después. 

Y mientras esto ocurría, el presidente de la República dedicó el espacio de su conferencia mañanera a un espectáculo para felicitar a las madres en su día, mientras que, por su parte, el gobernador de Jalisco se entretenía con un combate de box y un partido de futbol profesional, como él mismo dio a conocer por sus redes sociales. 

Respecto a estas situaciones se ha vuelto un lugar común decir que, si una autoridad no puede con el puesto, que renuncie. Pero antes de eso necesitamos explicaciones, requerimos de rendición de cuentas en torno a lo que han hecho y dejado de hacer los tres órdenes de gobierno en lo relacionado con nuestra seguridad. 

Que el presidente, el gobernador y los alcaldes nos digan qué han hecho con el recurso del uso legítimo de la fuerza que tienen a su disposición. Que nos muestren en qué han gastado el dinero de nuestros impuestos y nos expliquen por qué no ha funcionado. En qué han usado el tiempo del servicio público. Qué hacen con la información que tienen. A qué han dedicado al personal a su cargo. Cómo han utilizado las facultades que las leyes les otorgan. Cómo han gestionado las organizaciones públicas que respaldan sus decisiones. Para qué ha servido la infraestructura de la que disponen. 

Necesitamos cuentas sobre todo eso para entender qué está fallando y corregir lo necesario. Las elecciones serán en menos de un mes, pero los alcaldes todavía tienen cuatro meses por delante, y el presidente y el gobernador, tres años, y no podemos esperar a que haya cambio de gobierno; ya no, porque hasta el momento nuestras autoridades ni ven ni oyen a los delincuentes, que hacen lo que quieren, porque a sus víctimas tampoco las ven ni las oyen. 

protagoras_xxi@yahoo.com.mx

Twitter: @albayardo

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