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A un paso de llegar a las urnas

Finalmente, el periodo de conclusión del proselitismo llega a sus últimos momentos de impacto hacia la ciudadanía. Vendrá un breve plazo sin menciones específicas en favor o de ataques a candidatos y, de acuerdo con las disposiciones establecidas por los órganos electorales, federal y local, nos dirigimos al 6 de junio con paso firme y seguro. 

Se trata, como se ha insistido, de una elección concurrente, lo que la convierte en una elección que hace coincidir un enorme volumen de puestos de la administración pública en todos los niveles, federal, estatal y municipal que, por primera vez, tienen lugar en el mismo proceso electoral. Las dificultades que implica la logística de un proceso de esta magnitud están contempladas por los órganos electorales, lo que representa una importante evolución y profesionalización electoral que muestra la fortaleza y solidez de los órganos ciudadanos previstos para este efecto. Sin embargo, algunos elementos adicionales se incorporan a las dificultades técnicas. 

La violencia política que en este proceso se manifiesta como una intervención, amplia y preocupante del crimen organizado, que ha costado la vida a muchos de los actores que están interviniendo en el proceso, candidatos y participantes, que se ha convertido en un factor que genera una preocupación ciudadana latente; sobre todo ante la escasa o nula intervención de los gobiernos, federal, estatal o municipal cuyas tardías actuaciones no arrojan ni claridad ni certidumbre en diferentes zonas del país. 

Los ataques específicos del gobierno federal en contra de los órganos electorales al generar controversias de intervención que, desde las posiciones de gobierno, anuncian su intervención, ilegítima, en procesos de diferente nivel. El ejecutivo ha intervenido como líder de partido y sin pudor alguno se ha manifestado como parte del proceso electoral, circunstancia que se contrapone al papel de representante del país por el carácter del puesto que desempeña. De esta forma, los altos funcionarios de su partido definitivamente duermen el sueño de los justos y descansan en la seguridad que les ofrece el activismo manifiesto del presidente del país. 

En la dimensión técnica, hay diferentes preocupaciones relacionadas con el efecto que pueda generar la pandemia del Covid-19, alentando o no la participación masiva en las urnas. Diferentes elementos se han considerado para abordar de manera clara con los protocolos sanitarios la elección del domingo, ofreciendo al votante certeza al seguir las indicaciones de las autoridades de salud nacionales e internacionales. 

La oposición no logró articular, como en otros años, plataformas que lograsen definir una reingeniería de los partidos. El tema de las nuevas dimensiones tecnológicas de influencia hacia los electores colocó la disputa en un asunto instrumental de tecnologías y no de análisis profundo de redefinición de la oferta de los partidos opositores. No se trataba de un asunto tecnológico, sino de reconstruir la trama compleja de redefinición del proyecto de nación de sus respectivas ofertas. El trabajo de la oposición, disminuida en número cuantitativo y cualitativo, no logró establecer una oferta comprensible y el trabajo se concretó en decir no, de manera sistemática, sin un soporte programático para los votantes. 

El llamado a las urnas representa un momento de fundamental importancia que se ha construido a partir de la participación ciudadana y, el voto constituye, el momento crucial en el que el ciudadano expresa su opinión en el ambiente de evaluación de los puestos de representación que constituyen, precisamente, una forma en la que el ciudadano se ve constituido en la trama de gobierno, y de ahí, la relevancia de la emisión de su voto. 

El 6 de junio tenemos una cita importante en la que todos los votos cuentan, y cuentan sin importar la línea política por la que se quiera expresar. Lo relevante es la expresión ciudadana y ésta se logra con el voto. 

armando.zacarias@csh.udg.mx

jl/I