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Marko Cortés: el chamaco de AMLO

En medio de la discusión y los chantajes sentimentales entre el PRI y el PAN –al estilo Pimpinela–, a propósito de la reforma eléctrica impulsada por el gobierno federal, Marko Cortés se reeligió el 2 de octubre como presidente del Partido Acción Nacional para el periodo 2021-2024. Esta, sin duda, es una muy buena noticia para el presidente Andrés Manuel López Obrador, que lo tendrá enfrente otros tres años para chamaquearlo a su antojo. 

Al asumir su nueva encomienda, Cortés se revolcó en sus mismos lodos e hizo un llamado a defender a los impresentables Ricardo Anaya y Francisco Cabeza de Vaca: “Si atacan a cualquier panista, nos atacan a todos”, afirmó. El mensaje y su significado retratan a la perfección lo que es el PAN en nuestros días, un partido que se abrió paso entre la hegemonía y que fue perdiendo su esencia en la medida que se acercó al poder. 

En el papel, el PAN es la principal oposición política en nuestro país, pero en los hechos la participación de este partido en el debate público ha sido nula: los blanquiazules, al igual que el resto de los partidos, no han podido presentar ante la ciudadanía una oferta de nación alternativa a la de Morena, y a la que ellos mismos llevaron al poder hace algunos sexenios y que la gente ya no quiere de regreso. La trampa retórica que les puso AMLO y que compró buena parte de la población los tiene en jaque: están a favor o en contra del neoliberalismo, el villano favorito del sexenio. 

Si bien los panistas gobiernan ocho estados y conservan la primera fuerza opositora en la Cámara de Diputados, el panismo nacional cavó su tumba el pasado sábado con la reelección de Cortés y, sobre todo, con la imposibilidad de ampliar sus horizontes con nuevos liderazgos y proyectos políticos. El PAN de Marko seguirá perdido, celebrando algunos de los resultados obtenidos en la más reciente contienda a sabiendas que estos se alcanzaron gracias a una insólita y execrable alianza. 

Al PAN se le acabaron las ideas porque, hace muchos años, la ideología cedió su lugar al pragmatismo más puro, ese que erosiona cualquier forma de la política y que hoy los tiene arrodillados, rogando lealtad al PRI y al PRD, partidos a los que combatieron, en su momento, por antidemocráticos y filocomunistas. 

Hoy, Marko Cortés es el fiel representante de la decadencia de un partido que era modelo en sus planteamientos filosóficos, en sus formas de organización interna y en su capacidad para representar propuestas de la ciudadanía. De eso, nada queda. 

El papel del dirigente seguirá la misma línea de político chafa, un simple fanático que grita y hace estruendo durante el juego, pero que se sabe imposibilitado para incidir en el marcador; se aferró al poder porque, junto al presupuesto público, es lo único que persigue este PAN y, al más puro estilo del PRI de López Portillo o del propio López Obrador, ganó una elección a mano alzada en la que era el único participante. 

Así las cosas, el daño provocado por el desangelado Cortés a su propio partido no tardará en cobrarle factura y si el PRI, o una parte de éste, vota con Morena la reforma eléctrica, la carta de defunción del PAN estará firmada rumbo al 2024. Mejor escenario para Morena, imposible. 

El propio ex presidente Felipe Calderón lo había advertido en 2018, durante la campaña interna por la dirigencia de su partido, a través de su cuenta de Twitter: “La esencia de Marko Cortes es la traición, la corrupción y la hipocresía. Ahora traiciona hasta al propio Ricardo Anaya. No digo que no lo merezca, pero por lo menos se hubiera aguantado un poco antes de descararse para evadir su responsabilidad en el desastre del PAN”. Nada que agregar. 

juanluishgonzalez@gmail.com

jl/I