Cuando la relación de poder carece de suficiente justificación moral, uno de los mecanismos más accesibles para tranquilizar la propia conciencia es la devaluación de la víctima
Ignacio Martín Baró
A través del tiempo nos hemos podido dar cuenta de que las diferencias en los individuos o colectivos en la especie humana han incitado y provocado cambios significativos en la convivencia en todo el mundo.
Estos cambios han incitado a la violencia y han terminado hasta en guerras, mismas que han abierto heridas irreparables en la historia debido a la crueldad y el sadismo que el ser humano ha provocado a efecto inicial del acto de discriminar.
Se le llama discriminar a la capacidad de poder identificar las diferencias entre una persona u otra. En ese sentido, el fenómeno de la discriminación se refiere al acto de sobajar, menospreciar, marginar, segregar o excluir a un grupo o grupos de personas que tengan una o varias características diferentes a otro grupo. Las características personales más comunes objeto de discriminación son: el color de la piel, el origen étnico, la ideología política, la clase social, etc.
Es de la última característica de donde se origina el clasismo, fenómeno que no es nuevo, pero sigue dejando estragos crueles en nuestra sociedad. Porque, ¿que acaso no es cruel pensar que existen seres humanos de distinta calidad? ¿acaso una sociedad que define a ciudadanos de “primera” y de “segunda” goza de salud mental?
La crueldad está ampliamente relacionada con la psicopatía y la sociopatía, trastornos de la personalidad que se caracterizan por la falta de sensibilidad, afecto y empatía hacia otras personas.
En México, el origen del clasismo se detonó a partir de la Conquista y se estableció a partir del mestizaje de la raza. Es aquí donde surge la violencia clasista que han padecido los pueblos originarios.
Aun así, el clasismo ha trascendido más allá de los pueblos indígenas y ha cruzado las barreras de la virtud y la dignidad humana a través de estereotipos y formas de vida cotidiana, por lo cual es necesario preguntarnos: ¿qué origina el clasismo en México? ¿tendrá un origen común con la psicopatía y la sociopatía? Si damos respuesta a esta pregunta a través de un análisis profundo, podremos abonar de manera efectiva a la erradicación de estas conductas; sin embargo, se vuelve un reto de tamaño mayúsculo al que tendremos que atender.
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