El incremento acelerado en la posesión de motocicletas en el Área Metropolitana de Guadalajara (AMG) se ha consolidado como uno de los indicadores más claros de las limitaciones estructurales del sistema de transporte público, particularmente en los municipios periféricos.
Así lo señala el artículo Crecimiento urbano y desigualdad socioespacial en el Área Metropolitana de Guadalajara: un análisis desde la movilidad cotidiana, a cargo de Oscar Jaic Magaña Orozco y publicado a fines del año pasado. El documento se basa en la Encuesta Origen-Destino 2023, la cual reveló que entre 2010 y 2022 la tenencia de motocicletas creció 250 por ciento, principalmente en zonas con baja accesibilidad urbana.
El ejercicio señala que este aumento no responde a una preferencia por este medio de transporte, sino a una estrategia adaptativa frente a la insuficiente cobertura, frecuencia y conectividad del transporte colectivo.
En ese sentido, indica que en municipios como Tlajomulco de Zúñiga, El Salto e Ixtlahuacán de los Membrillos, los tres parte del AMG, la distancia entre vivienda, empleo y servicios obliga a realizar desplazamientos largos y complejos para los cuales el transporte público resulta limitado o poco eficiente.
Así, la motocicleta emerge como una solución inmediata para reducir tiempos de traslado y sortear la fragmentación territorial; sin embargo, el análisis advierte que esta alternativa traslada los costos de la movilidad del ámbito público al privado.
Los hogares, especialmente aquellos de menores ingresos, asumen gastos asociados a la adquisición del vehículo, combustible, mantenimiento y riesgos financieros derivados de accidentes en un contexto de infraestructura vial insuficiente y alta exposición a siniestros.
Desde una perspectiva social, el fenómeno de la motorización adaptativa se cruza con brechas de género en la movilidad cotidiana, pues el estudio documenta que las mujeres concentran la mayoría de los desplazamientos a pie y en transporte público: el 60.3 por ciento de los viajes peatonales y el 55.5 por ciento de los trayectos en transporte colectivo corresponden a ellas y están generalmente asociados a tareas de cuidado, educación y comercio local.
En contraste, los hombres predominan en el uso del automóvil particular y la bicicleta, con participaciones de 63.8 y 71.6 por ciento, respectivamente. Esa diferencia refleja un acceso desigual a los modos de transporte más rápidos y flexibles, así como a infraestructuras que facilitan desplazamientos directos, lo que incide en la distribución del tiempo, la seguridad y las oportunidades urbanas, según Magaña Orozco.
El análisis advierte además que aunque cerca de la mitad de los viajes en el AMG se realiza caminando, en muchas zonas esta práctica no representa una elección sustentable, sino una restricción impuesta por la falta de alternativas accesibles. Para las mujeres que habitan la periferia esta situación se traduce en mayores tiempos de traslado, trayectos más complejos y una movilidad condicionada por la fragmentación territorial.
En conjunto, los hallazgos analizados por Magaña Orozco muestran que el crecimiento del uso de motocicletas y las brechas de género en la movilidad son expresiones de una accesibilidad urbana centralizada y de una débil coordinación metropolitana.
El estudio concluye que, sin estrategias integrales que articulen transporte, planeación urbana y perspectiva de género, las desigualdades en el acceso a la ciudad continuarán profundizándose.
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