Una investigación académica advierte que la colonia Mesa Colorada, en Zapopan, ha sido convertida en una “zona de sacrificio ambiental”, al concentrar los impactos sociales y ecológicos de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales Agua Prieta, infraestructura que permite el saneamiento de millones de litros de agua para la Zona Metropolitana de Guadalajara, de acuerdo con el estudio “Entre aguas residuales y la escasez: el caso de la planta tratadora de aguas residuales Agua Prieta, Zapopan, Jalisco”, elaborado por Lourdes Mendoza y Ruth Serrano.
Las autoras emplean el concepto de “zona de sacrificio” para describir territorios habitados por poblaciones marginadas que enfrentan contaminación, degradación del entorno y riesgos a la salud, en beneficio de sectores urbanos con mayores recursos.
En este caso, la colonia es utilizada como punto de recepción y tratamiento de las aguas residuales de la ciudad, sin que ello se traduzca en mejores condiciones para su población.
Mesa Colorada se formó en la década de los ochenta sobre antiguos terrenos ejidales y desde su origen ha enfrentado procesos de segregación urbana, carencia de servicios básicos y problemas de regularización de la propiedad.
La Planta Agua Prieta fue proyectada en ese mismo periodo como una de las más grandes de América Latina, con capacidad para tratar hasta 6 mil 500 litros de agua por segundo. Antes de su instalación, incluso se contempló utilizar la zona como vertedero de basura, lo que refuerza su histórica función como receptor de los desechos de la ciudad, según la investigación.
El estudio destaca una paradoja hídrica: mientras en la colonia se procesan grandes volúmenes de aguas residuales, muchas familias carecen de acceso continuo y seguro a agua potable. El suministro es intermitente o inexistente, lo que obliga a los habitantes a comprar agua mediante pipas o garrafones, destinando en algunos casos más del 10 por ciento de sus ingresos a este gasto.
Como estrategia de subsistencia, las familias recurren a la reutilización doméstica del agua, empleando, por ejemplo, el agua de la lavadora para otras actividades del hogar. Esta práctica, documentada principalmente a través de entrevistas con mujeres, muestra cómo la gestión cotidiana del recurso recae en quienes administran la vida doméstica.
La presencia de la megaplanta también impacta en la vida diaria de los vecinos. El estudio reporta olores fétidos, ruidos constantes de maquinaria y alteraciones al paisaje, además de la cercanía con el contaminado río Santiago.
A ello se suman condiciones de marginación social: el 38.2 por ciento de la población mayor de 15 años no cuenta con educación básica, el 34.3 por ciento vive en hacinamiento y el 42.2 por ciento carece de acceso a servicios de salud.
Para sustentar sus hallazgos, las investigadoras revisaron archivos periodísticos, censos de población, realizaron recorridos de campo y entrevistas directas con habitantes de la colonia, priorizando los testimonios de mujeres por su papel central en la gestión del agua dentro del hogar.
El estudio concluye que el modelo de desarrollo urbano de la Zona Metropolitana de Guadalajara funciona mediante un metabolismo social que extrae agua limpia de regiones lejanas, como el Lago de Chapala, y deposita sus residuos en las periferias pobres.
Aunque la Planta Agua Prieta cumple una función pública para la ciudad, refuerza patrones de desigualdad y discriminación ambiental, al imponer a Mesa Colorada los impactos de una contaminación que no generó y al mismo tiempo negarles un acceso pleno al agua potable.
JC










