Las condiciones de trabajo para el profesional de la salud en México están superadas por la enorme demanda de pacientes, por una infraestructura insuficiente, materiales de trabajo limitados y escasa cantidad de personal de salud que responda a las necesidades de la población, lo que genera un desfase entre las demandas de salud y los recursos humanos y materiales que se cuentan para ello.
El desempeño laboral en el campo de la salud se caracteriza por ser exigente, amenazante y desafiante; así, el equipo de la salud está expuesto a violencias verbales de terceros, conflictos con compañeros, diferencias con directivos, alto número de consultas por día, atención a personas graves y toma de decisiones que implican salvar vidas o enfrentar la muerte.
Ante este escenario, ya sea como profesionales de la salud, pacientes o familiares, es importante preguntarnos: ¿cómo está la salud mental de los profesionales de la salud? Y, específicamente, la ansiedad, el estrés y la depresión, factores inmersos en estos ámbitos laborales.
En cuanto a la ansiedad, observamos que el personal de salud presenta interpretaciones catastróficas, creencias disfuncionales de salud y la enfermedad, mala interpretación de sensaciones corporales inofensivas y baja capacidad para tomar decisiones racionales. Esto ocasiona conductas desadaptativas, como sentirse enfermos constantemente.
El estrés por trabajar en el campo de la salud conlleva aumento de tensión muscular, cortisol alto, inhibición del sistema inmunológico, mala concentración, hipersensibilidad a la crítica, exceso/falta de apetito y posibles trastornos sexuales. Todo ello ocasiona una actuación profesionalmente pobre y mala atención a pacientes.
Sobre la depresión, síntomas como desesperanza, indefensión, inutilidad, pesimismo y culpa se observan en el equipo de salud al ver cómo están enfermos los pacientes. Esto, relacionado con conductas de agresión, irritabilidad y suspicacia, repercute en el desempeño laboral y ocasiona incapacidades y bajas laborales.
Lo descrito es solo el reflejo de algunas consecuencias y vivencias diarias a las que se ve expuesto el personal de salud, ya que si orientásemos el análisis hacia su salud física, su ambiente familiar y sus relaciones sociales, obtendríamos otros malos indicadores de calidad de vida y bienestar físico y mental en este siempre muy necesario grupo laboral en nuestra sociedad.
Valgan estas consideraciones para hacer un llamado a hacer más visibles estos factores de riesgo en el equipo de salud y que en lo sucesivo se permita generar, en un marco reciproco, tratos e interacciones con calidad y calidez entre el profesional de la salud y el paciente.
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