En los ecosistemas áridos y semiáridos de la región Altos Norte de Jalisco unas cuantas lluvias bastan para detonar el resurgimiento de la biodiversidad gracias a la activación de ríos y arroyos intermitentes que forman los llamados sistemas xerorribereños, espacios que, en contraste, no se reconocen como deberían, según la Universidad de Guadalajara (UdeG).
Estos sistemas, integrados por cauces efímeros o intermitentes, funcionan como refugios de flora y fauna, además de potenciales corredores biológicos para diversas especies, explicó Mónica Riojas López, investigadora del Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias (CUCBA).
Detalló que, en municipios como Ojuelos, estos arroyos pueden mantener agua durante meses en temporada de lluvias o desaparecer en cuestión de horas tras una precipitación.
A pesar de ocupar una superficie reducida, estos ecosistemas destacan por albergar vegetación de gran tamaño, como álamos y sauces, y servir de hábitat para aves, mamíferos y anfibios.
“Es una biodiversidad más alta con especies que únicamente están ahí por esos arroyos, es decir, si ese arroyo no existiera, probablemente esas especies no estarían en esa región”, advirtió.
No obstante, explicó que en México estos sistemas han sido poco estudiados y no figuran como prioridad en las políticas de conservación, a diferencia de otros países como Estados Unidos.
Riojas López urgió a reconocerlos como hábitats prioritarios y además alertó sobre cambios recientes en la región, como la disminución de vegetación y el secado de álamos debido a la reducción en el flujo hídrico.
Destacó que desde 2018 se han observado afectaciones que podrían comprometer la estabilidad de estos sistemas.
Actualmente la investigadora amplía estudios en los Altos Norte para documentar su impacto en la conectividad ecológica y los servicios ambientales.
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