De la nostalgia del francés de ‘La vida en rosa’ al movimiento de caderas de ‘Lágrimas negras’, la cubana Niuver puso a bailar y a cantar a quienes acudieron a escucharla en el centro cultural González Gallo, en Chapala.
¿Cómo llegó hasta el lago jalisciense esa matancera, quien un día dejó la isla para vivir en París? Los amigos y el futbol tuvieron la culpa.
Su concierto estaba programado en Guadalajara el 18 de junio. Sus amigos le aseguraron que nadie iría, pues jugaba México contra Corea en el mundial y precisamente en esa ciudad.
Pero Niuver ya estaba en México, pues participó en un festival en Ciudad de México y tuvo un concierto en Querétaro. Así que Gabriela Serrano, titular de Cultura en Chapala organizó en cinco días el cambio. Entre los ajustes, llevó un violinista y un percusionista que parecía habían tocado antes con Niuver, aunque lo hacían por primera vez.
Las sillas se ocuparon por completo y fue necesario habilitar otro espacio en el segundo piso.
Con los primeros acordes Niuver logró atrapar a los asistentes y unas canciones después ya los tenía cantando y bailando.
Salió al escenario con su gorro francés, que dijo le recordaba lo que le debía a ese país: la libertad y descubrirse como cantante. Pero también se lo quitó para decir que es cubana, esa niña que nació en un pequeño pueblo de Matanzas y que de pronto en medio de una canción baila un guaguancó o improvisa un Para vivir de Pablo Milánes.
Niuver agradeció a quienes fueron a conocerla y a escucharla por primera vez, pero también se puso feliz cuando entre el público había quienes cantaban con ella y conocían sus letras, desde ‘C’est toi que jáime’, ‘Baila’, ‘Vivir’, ‘Déjame tu piel’ y ‘Enamorados’, entre otras.
Ante la curiosidad de la cantante, una de las asistentes le confirmó que ella había estado en su primer concierto, en Zapopan, hace más de una década.
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