Reconocer el trabajo sexual como una actividad laboral es necesario para atender la precariedad, los riesgos ocupacionales y la falta de protección que enfrentan mujeres que lo ejercen en la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG), concluye la investigación “Experiencias de las condiciones laborales y la doble presencia en mujeres trabajadoras sexuales cisgénero”, las autoras sostienen que la omisión institucional las mantiene fuera de derechos como la seguridad social y la protección laboral.
El estudio, elaborado por Karla Falomir, Mónica Contreras y Silvia León, se realizó durante 2025 con 12 mujeres mayores de edad que ejercen el trabajo sexual en distintos espacios de la ZMG.
Desde la salud ocupacional, las investigadoras plantean que el principal problema no es solo la precariedad del trabajo, sino la falta de reconocimiento de estas mujeres como trabajadoras, lo que limita el acceso a garantías como seguridad social, pensiones y protección frente a la violencia.
Uno de los principales hallazgos es que las participantes laboran bajo esquemas informales, sin contratos y sujetas a reglas no escritas. Además, identificaron riesgos ergonómicos y psicosociales derivados de jornadas prolongadas y espacios inadecuados.
Las investigadoras documentaron largas horas de espera en cabinas reducidas, mala ventilación y mobiliario insuficiente, factores asociados con dolores físicos. En bares de élite de Zapopan también registraron presiones para consumir alcohol como parte de las dinámicas comerciales.
A estos riesgos se suma la violencia. Las participantes relataron agresiones de clientes, desprotección institucional y, en algunos casos, señalaron a policías como una fuente de riesgo o presunta extorsión.
Para las autoras, estas condiciones responden al vacío de reconocimiento institucional del trabajo sexual, que dificulta exigir mejores condiciones laborales, atención a riesgos ocupacionales y protección frente a la violencia.
Otro concepto central del estudio es la doble presencia, entendida como la carga mental de responder al mismo tiempo al trabajo remunerado y a las responsabilidades familiares.
Las participantes narraron que durante sus jornadas permanecen pendientes de sus hijos y del hogar. En algunos casos delegan cuidados; en otros, trasladan esas responsabilidades al espacio de trabajo.
El estudio también muestra que el estigma fragmenta su identidad. Varias mujeres describieron la necesidad de mantener una "actuación" constante para separar su vida familiar de su actividad laboral.
Ante este panorama, las autoras proponen dejar atrás un enfoque moralista y criminalizador para avanzar hacia uno basado en derechos, que contemple salud ocupacional, seguridad social, cuidados y protección frente a la violencia.
La investigación concluye que ignorar el trabajo sexual no hace que desaparezca, sino que mantiene invisibles las condiciones en que se ejerce y las omisiones que afectan los derechos humanos y laborales de las mujeres en la Zona Metropolitana de Guadalajara.
GR









