A fin de reducir el impacto de los incendios forestales en la sierra de Quila, el investigador Salvador González Palomares desarrolló un modelo computacional que utiliza imágenes satelitales y datos geoespaciales para detectar en minutos posibles áreas afectadas por el fuego y orientar la vigilancia hacia los puntos de mayor riesgo.
La Sierra de Quila, ubicada en el occidente de Jalisco y compartida por Ameca, Atengo, Cocula, San Martín de Hidalgo, Tecolotlán y Tenamaxtlán, registra un promedio histórico de 367 hectáreas afectadas por incendios cada año. Entre 2023 y 2025, la superficie afectada pasó de 342 a 385 y luego a 410 hectáreas, de acuerdo con el seguimiento realizado por el proyecto.
Para identificar estos cambios, el modelo utiliza imágenes del satélite Sentinel-2 y el índice Normalized Burn Ratio (NDBR), que permiten comparar las condiciones de la vegetación y detectar áreas afectadas por incendios o pérdida de cubierta vegetal.
El procesamiento se realiza mediante Google Earth Engine y se complementa con reportes a través de aplicaciones móviles y recorridos en campo para verificar los hallazgos.
De acuerdo con el análisis, esta metodología redujo de horas a minutos el tiempo de detección de conatos durante el estiaje. Los mapas de calor también permiten ubicar puntos críticos y focalizar los recorridos de vigilancia.
El modelo da seguimiento además al cambio de uso de suelo. El avance de cultivos y monocultivos identificado pasó de 115 hectáreas en 2023 a 185 en 2025.
El estudio advierte que la expansión agrícola, particularmente de monocultivos como el agave, puede provocar daños acumulativos al suelo al retirar la cobertura vegetal. En la Sierra de Quila predominan suelos feozem, regosol y vertisol, susceptibles a la erosión cuando pierden vegetación.
El proyecto también incorpora participación comunitaria. Entre 2024 y 2026 se realizaron 30 actividades, incluidas 10 visitas con ejidatarios y guardabosques, además de talleres de divulgación e ingeniería ambiental para mil jóvenes.
Como siguiente etapa, el proyecto plantea consolidar una plataforma de monitoreo continúo integrada a la red educativa y comunitaria de la región. A largo plazo, contempla incorporar inteligencia artificial para estimar la trayectoria y propagación de incendios con variables como viento y humedad.
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