La contaminación por lixiviados provenientes del basurero de Picachos no es un problema reciente ni aislado: se detectó desde 2009 en el arroyo Grande de Milpillas, provocando el cierre de balnearios locales. Sin embargo, el problema creció hasta afectar a las Cascadas de Huaxtla, así como a las comunidades de San Lorenzo y San Cristóbal de la Barranca, advirtió Beatriz Adriana Venegas, investigadora del CUCEA de la UdeG.
No obstante, enfatizó que se trata de una crisis que atañe a toda la población del Área Metropolitana de Guadalajara (AMG), agravada por la falta de infraestructura adecuada y la ausencia de un plan real para la gestión integral de residuos.
Venegas Sahagún cuestionó que las denuncias ciudadanas y las recomendaciones emitidas por la Comisión Estatal de Derechos Humanos Jalisco (CEDHJ) no hayan logrado frenar el daño. En ese sentido, instó a las autoridades a revisar los obstáculos que impiden sancionar a los responsables y ejecutar el saneamiento de la zona.
Asimismo, advirtió sobre la saturación del vertedero tras el cierre de Los Laureles en 2021, lo que intensificó el uso de Picachos: “Hay que replantear la forma en que gestionamos los residuos; no podemos seguir construyendo sitios de disposición final porque terminaremos rodeando a la metrópoli de vertederos”, aseveró.
Finalmente, la investigadora hizo un llamado a la conciencia ambiental ciudadana para reducir el consumo y separar los desechos desde el hogar. Subrayó que esta práctica facilita la labor de los recolectores y pepenadores, un sector laboral altamente expuesto y cuyo trabajo urge dignificar para disminuir la huella ambiental colectiva.
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