Las secuelas de Covid-19 no se habrían distribuido de manera uniforme en el Área Metropolitana de Guadalajara (AMG), sino que seguirían las desigualdades sociales y territoriales de la ciudad, reveló el estudio desarrollado por Salvador Sevilla-Villalobos y Samantha Gheraldi Cárdenas-Becerra.
A del análisis: Trayectorias del Long-COVID en la ciudad desigual: un modelo multiescalar para el Área Metropolitana de Guadalajara”, se identificó trayectorias diferenciadas del riesgo de Long-COVID entre 2020 y 2024, con un comportamiento particularmente marcado entre el poniente y el oriente de la metrópoli.
El análisis señala que las zonas de Zapopan y Guadalajara con mayor escolaridad, conectividad, empleo profesionalizado e ingresos superiores presentan trayectorias más persistentes y estables, mientras que sectores del oriente y las periferias metropolitanas muestran principalmente trayectorias de declive, pero acompañadas de mayor volatilidad.
Los autores advierten que esa reducción de registros no necesariamente representa una mejoría sanitaria, por el contrario, plantean que puede estar relacionada con barreras de acceso a servicios médicos, discontinuidad en el monitoreo epidemiológico y un registro concentrado en los casos de mayor gravedad.
La investigación también proyectó un modelo de riesgo a escala de manzana urbana para 51 mil 350 manzanas del AMG, con una población de referencia de más de 5.1 millones de habitantes.
El resultado muestra una división territorial, pues en el poniente metropolitano, particularmente en Zapopan y sectores centrales de Guadalajara, predominan trayectorias de crecimiento y estabilidad del riesgo calculado.
En el oriente y las periferias, que incluyen zonas de Tonalá, El Salto, Juanacatlán y Tlajomulco de Zúñiga, predominan trayectorias clasificadas como de declive, aunque con mayor volatilidad.
De acuerdo con el estudio, esta diferencia puede estar vinculada con la capacidad desigual para detectar, diagnosticar y dar seguimiento a los pacientes. Así, una zona con más registros persistentes no necesariamente tendría una mayor incidencia real de Long-COVID, sino también mejores condiciones para identificar y documentar las secuelas.
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