En la última década, el Día de Muertos evolucionó de una celebración predominantemente mexicana a una festividad de escala global, con desfiles y altares en ciudades como Madrid, Nueva York y Tokio. En su libro ‘Una calavera del montón. Humor y muerte’, el investigador y artista gráfico Manuel Álvarez Junco explora las representaciones visuales de la muerte y el papel del ingenio como un bálsamo ante el inevitable final de la vida.
Investigador del humor gráfico por décadas, Álvarez Junco encontró en el folclore mexicano la clave para abordar la muerte despojada de la visión solemne que predomina en España. Su estudio analiza el sincretismo de esta tradición, rastreando antecedentes europeos como la Antigua Grecia, la Roma clásica y las danzas macabras medievales, los cuales se fusionaron con los rituales festivos mesoamericanos.
Uno de los puntos clave de la obra es la figura de José Guadalupe Posada, creador de la famosa Catrina con sombrero. Durante la presentación del libro en la Casa de México en Madrid, el historiador Agustín Sánchez González recordó la ironía de que Posada muriera en el anonimato en una fosa común de Tepito, convirtiéndose literalmente en “una calavera del montón”. Álvarez Junco destaca que el mérito de Posada fue despojar a la muerte de todo trasfondo místico o moralizador, ofreciendo una visión laica que simplemente recuerda con gracia el destino humano.
Lejos de mantenerse estático, el Día de Muertos continúa en constante evolución impulsado por el consumo de masas y fenómenos cinematográficos como ‘Coco’ o ‘007: Spectre’.
Para el autor, la adopción global de las calaveras responde a un deseo humano universal de sobrellevar la tragedia y reírse de la mortalidad, demostrando que el humor es la herramienta más democrática para afrontar nuestro destino.
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