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Cuanto realmente nos importan los pobres

El presidente describe un país que sólo existe en su cabeza, a juicio de sus adversarios; en la discusión se enfrentan dos universos paralelos son puentes para entenderse entre sí. 

Una de las preguntas básicas que nos tenemos que hacer como sociedad enfrentada es cuánto realmente nos importan los pobres. 

En una viñeta de Mafalda, expresa: 

“Me parte el alma ver gente pobre”. Y acto seguido le argumenta a Susanita que había que dar techo, protección y bienestar a los pobres. 

“Para qué tanto, bastaría con esconderlos”, le replica Susanita. 

Cuando Mafalda habla con Susanita sobre los necesitados, trata de convencer a la niña de lo mismo que nos explica la encíclica Fratelli tutti del papa Francisco: “Somos analfabetos en acompañar, cuidar y sostener a los más frágiles y débiles de nuestras sociedades desarrolladas. Nos acostumbramos a mirar para el costado, a pasar de lado, a ignorar las situaciones hasta que estas nos golpean directamente”. 

En el reciente encuentro La economía de Francisco, el papa insistió en que la actual situación “… supone cambios profundos en los estilos de vida, los modelos de producción y de consumo, las estructuras consolidadas de poder que rigen hoy la sociedad”. 

Los resultados catastróficos de modelos excluyentes, tanto de quienes creen todavía en la mano invisible del mercado como fiel de la balanza, como de quienes creen en un estatismo con diversos matices, desde el populismo, hasta otras variantes que sólo traen la generación de más pobreza. Lo que obliga a una redefinición del concepto de bien común y de impulsar un diálogo sólido entre la política y la economía, de modo que ambas estén al servicio de la persona humana. 

Para superar la polarización de la sociedad civil y entre clases sociales en nuestro país es necesario partir de las siguientes reflexiones: 

1. La corrupción había alcanzado niveles insospechados, la desigualdad social y la economía informal eran la demostración que el sistema social y económico estaba agotado. Sin embargo, sigue constatado que la corrupción continúa, que ha sido difícil barrer de arriba para abajo, pues hay escalones intermedios que lo impiden. 

2. El tiempo de los pobres por el bien de todos es una coincidencia de la mayoría de los mexicanos en general. Sin embargo, los cómo resolverlo nos siguen enfrentando como sociedad. 

3. Ciertamente el estilo confrontador del presidente es en buena parte responsable de este México bipolar en el que navegamos. Se ha creado una tormenta en la que todos navegamos, pero no vamos en el mismo barco. 

4. Los apoyadores de este proyecto señalan la necesidad de elevar el poder adquisitivo de los grupos más desprotegidos mediante transferencias económicas, aumentando el salario mínimo, combatiendo la evasión fiscal de los sectores privilegiados, cambiar la legislación sindical en perjuicio de los líderes charros, erradicando también los contratos que beneficiaban a los grandes empresarios, combatir la corrupción en la administración pública, etcétera. 

Se reconoce que se ha hecho sin violencia o represión y sin recurrir al endeudamiento externo o el déficit público, que si son estrategias usuales de gobiernos populistas tanto de derecha como de izquierda. 

Sin embargo, parte de la sociedad percibe que por fin algo se mueve para los que mucho tiempo habían sido ignorados. Para la iglesia, como parte de la sociedad civil, es necesario ya que llegue el tiempo de la concordia, que ya no se ignore indefinidamente ni a la parte más necesitada, ni a la otra parte más próspera, y que, tras los cambios, habrá que recomponer, restañar heridas y restablecer el tejido sano que ha sido afectado. 

oceanoazul@live.com.mx

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