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No se deje regañar, vote por quien le dé la gana

No se deje regañar. Si usted va a votar por Morena, por MC, por el PRI o por el PAN no deje que nadie le dé clases de ética política. La superioridad moral de algunos se desvanece en el terreno de la democracia, donde se supone que no hay lugar para la discriminación electoral. Ultimadamente, usted estará en la soledad de la mampara, con una boleta y un crayón en las manos, ejerciendo su derecho y abonándole a ese futuro en el que cree. 

No se confíe del cuento ese de que sólo hay una forma de voto útil. Todos los votos son útiles. La visión pública de los ciudadanos siempre es parcial y atiende a intereses, principios y referencias históricas muy específicas. La psicología también juega un papel relevante en la revisión del espacio político y, por supuesto, en la personalísima decisión que implica cada proceso electoral. Un voto es, así, una respuesta individual a la realidad común. 

La intersección de dos mundos –el de la democracia y el digital– puede tornarse confusa y llena de sentencias e invocaciones irreductibles. Hoy, a unos días de las elecciones intermedias, las redes sociales y plataformas telefónicas se han vuelto un campo minado donde los señalamientos desproporcionados y terminantes evocan mundos y realidades que sólo existen en el imaginario de los interlocutores. Una cosa es cierta, nadie está bien y nadie está mal. En la elección del 6 de junio no hay buenos ni malos, hay electores libres con perspectivas políticas diferentes y, de ellas, se nutre la democracia. 

Rawls –uno de los teóricos más influyentes del siglo pasado– sostenía que el liberalismo político supone la existencia de muchas razones –a veces conflictivas–, cada una con sus propias concepciones del bien y de la justicia, cada una compatible con la racionalidad de un determinado grupo de personas; es decir, ningún principio o doctrina puede considerarse como la “concepción política” de un régimen democrático constitucional, sino la suma de todas ellas. 

Sin embargo, la retórica de las campañas –sobre todo en estas últimas semanas– ha propiciado un ambiente de linchamiento. El más visible es el que han formado algunas y algunos empresarios e intelectuales del país contra Morena y el presidente. Y ojo, nadie está diciendo que esté mal que promuevan su concepción de “voto útil”, lo que sí es reprochable es que actúen como poder inquisidor en contra de aquellos que votarán por lo que ellos consideran peligroso y abominable. Del otro lado no cantan mal las rancheras: los de Morena intentan acallar cualquier defensa de un voto contrario al presidente y su partido, acompañando sus acusaciones con descalificaciones respecto al pasado inmediato, con su corrupción y su deslealtad al país. 

Por eso, no se deje amedrentar por la familia, en el chat de sus amigos o en el grupo de dominó de los jueves. Si usted vive en Jalisco y votará por Morena o vive en la Ciudad de México y votará por el PRI o por el PAN, recuerde que la suya es una posición igualmente válida que la de aquellos y aquellas que lo fustigan y señalan; recuérdeles que la verdad pública no existe como tal, que ésta se construye a través de todas las voluntades y percepciones. 

Cuando le digan que la suya es una posición que atenta contra México, repítales que en el juego democrático todas las razones son válidas, legítimas y respetables. Dígales, por último, que no vivimos en un régimen autoritario en donde el voto libre no existe y los medios de comunicación y la voz de los intelectuales están controlados por el poder del Estado. México –que no Venezuela– se perfila para encarar una nueva elección en la que cada ciudadano y ciudadana representa un voto, principio básico para suponer que el totalitarismo mesiánico solo existe en la mente de unas y unos cuantos. 

juanluishgonzalez@gmail.com

jl/I