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Justificación
No permitirá construcción
“La función del enganchador consiste en atraer con engaños al trabajador. Los métodos del enganchador para engañar son muchos y variados. Uno de ellos consiste en abrir una oficina de empleos y publicar anuncios demandando trabajadores a los que se ofrecen altos jornales, casa cómoda y gran libertad en algún lugar al sur de México... los funcionarios pueden escudarse tras de los enganchadores y éstos bajo la protección de los funcionarios, absolutamente y sin temor de ser penalmente perseguidos”.
La cita es del periodista norteamericano John Kenneth Turner, quien publicó en 1909 (México Bárbaro) las condiciones de esclavitud a las que eran sometidos los trabajadores mexicanos en las haciendas mediante engaños por falsas ofertas de empleo. A cien años de distancia, parece que se repite la misma dinámica de complicidades que ha llevado a la existencia y multiplicación de centros de reclutamiento forzado.
“Buscó un nuevo trabajo utilizando las redes sociales… por inbox lo conectaron para una oferta laboral, les pidieron acudir a un entrenamiento al municipio de Tala … jamás pensó que al llegar a su primer día de trabajo, los meterían en casas de seguridad y luego los treparían a campamentos de la sierra de Ahuisculco”; esta investigación fue publicada en 2019 por los periodistas Alejandra Guillén y Diego Petersen (El regreso del infierno; los desaparecidos que están vivos) sobre los campos de reclutamiento forzado localizados en la región de Tala, descubiertos en 2017. La forma de “enganchar” era con un pago adelantado por “capacitación” y el ofrecimiento de empleo en el área de seguridad privada.
En 2024, colectivos de búsqueda y periodistas denunciaron un patrón de desapariciones en torno a la terminal de autobuses de Guadalajara que tenían en común el ofrecimiento de un supuesto empleo. En entrevista, el entonces gobernador, Enrique Alfaro (26 de agosto) negó categóricamente que eso estaba sucediendo, e insistió en minimizar los hechos señalando que la mayoría de las desapariciones no estaban vinculadas a delitos y que se trataba de ausencias voluntarias: “Eso no es cierto, no es cierto, no hay crisis… hay casos de chavos que se fueron por su propia voluntad; me parece que no es correcto seguir alentando una idea que genere este miedo y esta psicosis cuando no hay un asunto así”.
Las impactantes imágenes que el colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco ha mostrado sobre el campo de reclutamiento forzado localizado en Teuchitlán, y las dolorosas historias que han empezado a conocerse al mostrarse públicamente los indicios, confirman el patrón sistemático de engaño con el que se recluta a la juventud que tiene la necesidad de un empleo, y que solo puede desarrollarse bajo la indiferencia, negligencia o dolo de las autoridades.
La impunidad y complicidades que permiten la existencia de centros de exterminio como el de Teuchitlán deben investigarse a fondo. Son años de denuncias que no han sido atendidas por las autoridades; nuevamente es la labor de las madres buscadoras la que ha puesto en alerta a la ciudadanía y que llama a la sociedad a manifestarse, para que estos hechos que han llenado de luto y dolor no se repitan nunca más.
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