La crisis urbana que vive Guadalajara es evidente y tiene su origen en la falta de comprensión de la administración pública por parte de quienes han gobernado la ciudad, afirmó Horacio Villaseñor, arquitecto, urbanista, consultor y maestro en Gobierno y Administración Pública Estatal y Municipal. “Basta con voltear a ver la ciudad: es un desastre metropolitano”, sentenció.
Explicó que desde hace décadas se dejó de hacer lo que corresponde al desarrollo urbano ordenado. Señaló que una ciudad debe planearse, crecer y desarrollarse de manera gradual, para después construir y finalmente rehabilitar. Sin embargo, esas etapas se rompieron: en los años setenta y ochenta la ciudad terminó de construirse, en los noventa debió renovarse, pero no ocurrió. Hoy, dijo, la rehabilitación ya no es suficiente y se requiere prácticamente reconstruir la ciudad, pero con gobernantes capaces.
Villaseñor sostuvo que los problemas actuales no son técnicos sino administrativos. Rechazó la idea de que falte dinero y calificó como un absurdo “estirar” los recursos públicos. En la administración debe haber dinero suficiente, ni más ni menos, pero lo que falta es capacidad para administrarlo. Criticó las decisiones improvisadas, como ciclovías o zonas peatonales mal planeadas, y subrayó que en ciudades de primer mundo primero se adquiere la tierra y después se interviene, siempre con un plan.
Sobre el transporte público, afirmó que el problema no es la falta de líneas, sino la mala organización del servicio. Señaló que está diseñado para los pobres, obligando a la gente a ir de pie y hacer filas para que sea negocio. Aseguró que el transporte debería ser para todos, gratuito, eficiente y administrado por el gobierno, no por la iniciativa privada.
Finalmente, aseguró que la movilidad podría resolverse en tres años con un buen sistema de transporte público, camiones pequeños y gratuitos. Esto permitiría reducir el uso del automóvil, recuperar áreas verdes, abatir inundaciones y cumplir con los estándares de la OMS, pero advirtió que se necesita voluntad política, conocimiento técnico y renunciar al negocio.










