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Quinto Patio

La vida cotidiana en el transporte público urbano transcurre entre el agobio y la tediosa espera de cada una de las unidades que se deben abordar, porque es notorio el retraso en la frecuencia con que llegan a las diferentes paradas o estaciones. ¿Se imagina estar mirando el reloj o la hora en el celular, una y otra vez, mientras se hace acopio de paciencia, esperando que llegue el camión o un vagón menos repleto? Esa es una de las pesadillas de los usuarios, lo que se aúna a la falta de suficientes camiones y a que el servicio, por la ley de sus chones, lo suspenden antes de las horas estipuladas.

Lo anterior lo revela la Encuesta de Satisfacción a Usuarios del Transporte Público (ESUTP) 2025, elaborada por el Instituto de Planeación y Gestión del Desarrollo del Área Metropolitana de Guadalajara (Imeplan). Ahí puede encontrarse que como referente de un mal servicio del transporte urbano destaca el Macrobús o MiMacroCalzada, donde se viaja hacinado. Y aunque el Tren Ligero es el que mejor aprobación tuvo, no se escapa de las críticas a las fallas en elevadores y escaleras eléctricas, además de la saturación en horas pico. 

Para ingresar o avanzar en un camión o vagón, en Jalisco aplica el refrán: “con permiso y el empujón”.

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Liguemos a lo anterior que el incremento acelerado en la posesión de motocicletas en el Área Metropolitana de Guadalajara se ha consolidado como uno de los indicadores más claros de las limitaciones estructurales del sistema de transporte público, particularmente en los municipios periféricos. 

Un análisis del Imeplan, basado en la Encuesta Origen-Destino 2023, revela que entre 2010 y 2022 la tenencia de motocicletas creció 250 por ciento, principalmente en zonas con baja accesibilidad urbana. El mal servicio persiste, pues, y eso tiene repercusiones como la descrita. 

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Diciembre de 2025 cerró con el asesinato en Jalisco, en un lapso de diez días, de dos empresarios. Uno, el transportista y bodeguero del mercado de Abastos, Alberto Prieto Valencia, cuando circulaba por la calle Topacio en los límites de Zapopan con Guadalajara (por cierto, corre una versión extra oficial de que fueron cuatro y no tres los muertos durante el ataque). Ese multihomicidio marca una manera diferente de operar en la zona metropolitana por parte de un grupo delincuencial.

El otro empresario victimado es Adrián Corona, tequilero presidente del Grupo Corona, que fue localizado sin vida en el municipio de Atenguillo. La Fiscalía del Estado informó que el ataque ocurrió el 26 de diciembre, cuando viajaba por carretera rumbo a Puerto Vallarta. Su vehículo fue interceptado por gente armada, que despojó a la familia de sus pertenencias y secuestró al empresario. Dos días después apareció muerto, con impactos de bala. Nadie se salva de la inseguridad.

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¿Tienen identificadas las autoridades de los tres niveles en Jalisco en qué hospitales, barrios, comunidades, municipios y pueblos, integrantes de grupos criminales regalaron juguetes en el periodo decembrino? ¿A poco ni se enteraron?, ¿o los dejaron hacer porque no desataron tiroteos? Porque es una de las maneras en que las células delictivas afianzan su penetración social, se presentan como supuestos benefactores y se vinculan a jóvenes para reclutarlos… 

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jl/I

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