Es época de las secas frías y se activan las tensiones en la distribución del agua entre el estado de Jalisco y el de Guanajuato, mediante la construcción de un acueducto de la Presa Solís a León.
Las críticas señalan que la medida disminuiría drásticamente el agua que llega a zonas agrícolas de Jalisco y al lago de Chapala, comprometiendo la producción y la sobrevivencia del lago.
Las obras de este acueducto están detenidas por la inconformidad jurídica interpuesta recientemente ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación, de la que se espera respuesta.
Aunque las presas almacenan ahora hasta el 70 por ciento de capacidad, vuelve la tensión porque ambas ciudades presentan un déficit de agua potable y también una gran desigualdad en su distribución. Además se prevé que las lluvias este año estén por debajo del promedio, de acuerdo con investigadores de la Universidad de Guadalajara, entre otros.
Los políticos advierten que de no realizar inversiones y obras hidráulicas, el déficit podría crecer en las próximas décadas conforme crece la población en ambas ciudades.
El modelo actual de gestión del agua en casi todo el país está rebasado al basarse en el concepto del agua como servicio que se resuelve con tecnología, cuotas y un departamento de quejas. Más bien se provoca incomunicación y rivalidad entre ciudadanos y autoridades y entre estados.
Así, ni las políticas ni las autoridades integran convocatorias que resulten educativas en los hechos, que formen valores en las decisiones cotidianas, que den paso a una ética en el uso colectivo y se forme una ciudadanía corresponsable. Para ello ya vamos tarde.
Esta visión copartícipe y educativa del agua puede impulsar a revertir el déficit:
Un diseño de gestión colaborativo ayudaría a: restaurar el ciclo del agua en la ciudad. Pero ello implicaría la vigilancia de las zonas de infiltración (lo que exige el cumplimento de la ley); se requeriría también instaurar un sentido común sobre el uso medido y el cuestionamiento social de comportamientos irresponsables y eso no se hace sólo con las redes sociales. Se necesita emprender una visión educativa de la ciudadanía, sin calificativos de verde o ecológica, pero sí con responsabilidad del futuro.
Urge un rediseño para operar el agua. El Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua y Alcantarillado (Siapa) está rebasado. Encabeza los organismos estatales con más quejas. La Comisión Estatal de Derechos Humanos Jalisco recibió, solo en seis meses del 2025, 41 quejas sobre la mala calidad del agua que suministra el Siapa, por los altos costos que reciben y porque dejan de recibir el agua, sin que se les suspenda el cobro. Este organismo, de relación directa con los ciudadanos, favorece que el agua se entienda como un servicio o una “propiedad” que se compra, y no como un recurso común y finito.
Faltan muchos elementos coparticipativos que mencionar. Desgraciadamente no vemos siquiera que se sugieran en el abordaje de este conflicto político-económico. Ya vamos tarde para crear una cultura más integral del agua y nomás no inicia.
GR









