La caída o desaceleración de las remesas provenientes de la Unión Americana no es un fenómeno aislado ni coyuntural. Se explica por el endurecimiento de las políticas migrantes; la precarización laboral y la inflación que mantiene un mercado de trabajo cada vez más inestable para los connacionales en los Estados Unidos.
De acuerdo con datos del Banco de México, hasta noviembre de 2025, los ingresos por remesas provenientes del exterior fueron de 5 mil 125 millones de dólares, lo que representó una reducción anual de 5.7 por ciento. En Jalisco, la caída por este concepto fue de entre 10 y 12 por ciento en comparación con el 2024; aunque a nivel nacional, la entidad se mantuvo entre las tres primeras del país en la recepción de dólares.
Como advierte la profesora Mireya Pasillas, economista e investigadora adscrita al ITESO en Guadalajara, cuando las remesas dejan de crecer, o incluso disminuyen, no solo se afecta a las familias receptoras, sino a un entramado económico mucho más amplio y complejo.
Y es que las remesas no son un “extra” de la economía mexicana, sino que forman parte del ingreso cotidiano para hacer la vida; para comer, pagar la renta, el transporte, la educación y los servicios básicos.
Cuando ese flujo se reduce, baja el consumo local; disminuye o imposibilita cualquier capacidad de ahorro de las familias. Esta es una reacción en cadena que afecta directamente a pequeñas y medianas empresas, lo mismo que al empleo informal y la recaudación local. A este escenario, se suma un mercado laboral que no está absorbiendo con facilidad a quienes regresan o a quienes ya no logran sostenerse en los Estados Unidos.
No es exagerado decir que, en ciertas regiones del estado y del país, las remesas funcionan como un estabilizador social. Por eso la advertencia de la profesora Pasillas es clara: “El empleo formal no está creciendo al ritmo necesario, y el sector informal sigue siendo la válvula de escape para miles de personas”.
Además, la incertidumbre política y económica en Estados Unidos y en México agrava el panorama. Las amenazas de nuevos aranceles, los discursos antiinmigrantes y la volatilidad industrial generan cautela en la inversión y afectan sectores clave como la manufactura.
El problema de fondo es que el gobierno de México ha normalizado una dependencia estructural de las remesas sin construir alternativas sólidas. Desde la Presidencia de la República nos vamos acostumbrado a celebrar los récords históricos de remesas, e incluso nombrar a los migrantes como héroes y heroínas. Pero, se omite la responsabilidad de prever una estrategia clara cuando estos recursos bajan, lo mismo que para diseñar, desarrollar y evaluar una política pública integral que transforme esos flujos en desarrollo productivo sostenible; que proteja a las familias cuando el envío se interrumpe, por lo que, las remesas no pueden ser el parche que oculte la fragilidad del mercado laboral, la falta de empleo digno y la ausencia de un modelo económico incluyente.
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