No contar con una planeación a largo plazo del transporte masivo en el Área Metropolitana de Guadalajara (AMG) y generar proyectos aislados uno de otro, provoca que el modelo no sea exitoso, a diferencia de lo que ocurre en otras ciudades del mundo.
Esta fue una de las conclusiones a las que llegó María Azucena Arellano Avelar, académica del Centro Universitario de Tlajomulco (CUTlajomulco) de la Universidad de Guadalajara (UdeG), a través de su artículo ‘Infraestructura y movilidad sustentable: el caso del BRT MiMacroCalzada (MMC) en Guadalajara’.
Si bien la investigadora reconoce que la línea llegó a mejorar los tiempos de traslado en la vía que recorre, así como ordenar el desorden que había con las rutas convencionales, fue un proyecto que por años estuvo desconectado de otros sistemas de transporte masivo y que no contaba con rutas alimentadoras suficientes, lo que encareció el servicio.
“La lógica de operación del sistema no ha sido completamente articulada con las dinámicas de movilidad cotidiana de los usuarios. El sistema carece de una red eficiente de rutas alimentadoras, lo que obliga a muchos usuarios a tomar dos o más transportes para llegar a su destino, encareciendo los traslados y prolongando los tiempos de viaje”.
Añade que “a más de una década de funcionamiento, el BRT MMC sigue operando como una infraestructura aislada, sin interconexión plena con otros sistemas de transporte masivo como el Tren Ligero, las rutas subregionales o los sistemas de bicicletas públicas. Esto limita su capacidad de incidencia estructural en el modelo de movilidad metropolitano”.
Producto de esto, agrega, el BRT MMC no ha representado una reducción en el uso del auto, sino que los indicadores oficiales muestran un aumento acelerado en el número de autos registrados, casi duplicándose su número entre el 2000 y 2018. Tampoco se ve un resultado positivo en la reducción de la contaminación.
“Una de las mayores contradicciones identificadas es la que se da entre el discurso ambiental de sustentabilidad y los datos técnicos registrados. Estudios realizados después de doce años de operación han demostrado que los niveles de material particulado (PM2.5 y PM10), así como de dióxido de carbono (CO2), siguen siendo elevados a lo largo del corredor. Además, las mediciones de ruido y vibraciones exceden sistemáticamente los límites permisibles recomendados por las normas”.
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