En momentos en los que el mundo y nuestro territorio emocional más cercano, se convierten en campos de guerra y de disputa de poderes con todo lujo de violencia y exposición mediática, sabemos que hay actividades y oficios que no sirven a la causa de emancipar y mantener el conflicto y el miedo. Por ello, quienes hacemos trabajo de gestión cultural nos preguntamos cómo seguir impulsando las artes en regiones tan asoladas por la criminalidad, cómo colocar en la escena de lo público lo importante y vital que es seguir apostando y financiando el desarrollo cultural y artístico de nuestros pueblos. Y me parece que una tarea que nos toca es usar los altavoces más potentes que podamos conseguir y acercarnos a la gente para hablar del papel de las expresiones artísticas como mecanismos de resistencia, de reafirmación de la identidad y de transformación social.
La Región Sur de Jalisco es reconocida por muchos como una de las cunas culturales más relevantes de México, figuras como el escritor Juan José Arreola; el muralista José Clemente Orozco; la compositora y pianista, Consuelito Velázquez; el músico de fama mundial, Carlos Santana; el tenor, actor y luego franciscano, José Mojica; así como un escritor considerado uno de los pilares de la literatura hispanoamericana del siglo 20, Juan Rulfo; son ejemplos de la estatura artística que ha dado nuestra región sur, que es justo la zona que ha vivido episodios de violencia nunca antes vista, donde lamentablemente ha prevalecido por años la sombra del crimen organizado, y tiempo atrás, las reyertas revolucionarias. La historia se repite y confirma que los territorios convulsos son tierra fértil para el arte.
Por tanto, creer en aquello que nos devuelve la paz, el valor de la justicia y el gusto de amar el lugar de nuestro origen o nuestro destino, es una tarea impostergable y prioritaria.
Y es aquí donde el papel del arte y la cultura vuelven herramientas para restablecer vínculos comunitarios. En el sur de Jalisco estamos muy orgullosos de nuestra gastronomía, de la calidez de la gente, de nuestras fiestas patronales, de nuestra cultura local. Por ello, seguir teniendo espacios públicos para mostrar quiénes somos nos hace fortalecer nuestro arraigo y sentido de pertenencia. En estas manifestaciones no cabe la marginación, ni la intolerancia, por el contrario, organizar talleres de escritura, de cine; organizar recitales musicales, montar obras de teatro o exposiciones de artistas emergentes y organizar recorridos turísticos, son actividades que promueven una cultura del aprecio y reconocimiento de lo que nos caracteriza y hace sentir orgullosos. En el mejor de los sentidos, invitan a la convivencia armónica que es sinónimo de paz.
Visibilizar este gran poder de la cultura es importante para que los gobiernos en sus tres órdenes y todas las instancias con poder de financiación, demuestren con presupuesto que lo saben, que reconstruir el tejido social y dejar de normalizar la violencia no tiene otro camino que la generación de condiciones para tener medios de vida dignos: actividades económicas en las que la gente pueda prosperar, acceso a las prácticas deportivas y al arte como manifestación humana creativa y estética que permite expresar emociones, sentimientos, ideas; denunciar lo que nos daña y celebrar lo que nos da vitalidad.
Queremos que cuando alguien piense en la Región Sur de Jalisco, viaje al Llano en llamas, regrese a Juan Rulfo, a las fiestas y tradiciones de tantos pueblos, a sus letras y canciones. A todo lo que enciende y hace vibrante la vida.
*Gestora cultural y colaboradora del Festival Rulfiano de las Artes
jl/I









