loader

De aquellas almas anchas y profundas

No hay más realidad que la que tenemos dentro

Hermann Hesse

 

Dice Fernando Savater que “Es propio de las almas anchas y profundas atormentarse: las tempestades ocurren en el mar, no en los charcos”. Estoy segura que todas y todos en diversos momentos de la vida hemos deseado profundamente ser un charco, donde no habiten justo las grandes tempestades y las fronteras estén tan cerca que no admitan la incertidumbre, el caos ni el desorden. Donde vivamos de a poquito y con poquito. Donde el displacer sea mínimo. Donde remar no sea necesario y el flotar sea suficiente.

Parece que no resulta posible para la condición humana, aunque intentemos refugiarnos en el ahora, aunque nos defendamos racionalizando o nos volvamos fugitivos de nuestra consciencia. Al doblar la esquina, estaremos ahí, una vez más con nosotras, con nosotros, confrontando nuestras decisiones. Perdonándonos incesantemente. Parafraseando a Emil Cioran, “soportándonos”. Otras veces, aplaudiendo nuestros logros, convenciéndonos de que después de todo no estuvo tan mal, que dentro de todo lo hicimos verdaderamente bien.

¿Qué sería de nosotros sino aprendiéramos a ser nuestras verdaderas aliadas y aliados? ¿Qué sería de nosotros sino fuéramos capaces al final del día de mirarnos con ternura? Es posible que entre todas las cosas de las que se trata la vida, una de ellas este encaminada a volver a nosotras mismas, a nosotros mismos. Sentirnos, respirarnos, escucharnos, sabernos, elegirnos y habitarnos. Lo más asombroso es que para cuando hemos aprendido a leernos y traducirnos, al instante siguiente ya nos hemos convertido en otros. Es sorprendente también que después de sabernos mucho, de pronto nos faltemos tanto.

Bleu Minette plantea que “tener a quién volver cuando las cosas te salgan mal y el mundo te haga a un lado, eso es tener una familia, esté donde esté y sea quién sea. No es sangre, es amor”. Procuremos convertirnos en nuestro propio amante, en nuestro refugio y en nuestra persona favorita. Encontremos y construyamos vínculos que nos permitan florecer a su lado, pues ellos serán nuestro antídoto contra la depresión y las soledades. Seamos abono para cada corazón que lata sobre la tierra.

Que todos estemos juntos para liberarnos, contenernos, para ser respuesta y pregunta a su vez. Que nos abracemos tanto que de pronto olvidemos que algún día nos dolió tanto la vida. Que olvidemos que tenemos hambre, miedo y estamos en guerra. Deseo que nos abracemos tanto para recordar que somos mar y estamos llenos de tempestades y nos corresponde caminar siempre juntas-juntos.

[email protected] 

jl/I