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Del barrio y para el barrio

Como un proyecto nacido “del amor al teatro, a la vida y a la resistencia” es como el propio Eduardo Villalpando define a Santa Tere Teatro de Barrio, su espacio pequeño y acogedor para obras de cámara, ya sean teatrales, de danza o musicales, en pleno corazón de Guadalajara, es decir, en el barrio de Santa Teresita. Y así es como se siente este lugar, llenito de amor, un sitio que además es emblemático de la forma en la que, en no pocas ocasiones, tienen que actuar los creadores escénicos en la ciudad: generando sus propios lugares cuando no es sencillo acceder a los más formales, sean públicos o privados.

Y es que en Guadalajara hay una larga tradición de recintos personales –difícil no recordar La Casa Suspendida, por ejemplo–, en la que los creativos pueden estar en contacto directo con su público y ofrecer piezas dignas, que no por ser pequeñas dejan de ser valiosas. Desde que comencé a reportear la fuente, hace más de 30 años, en la ciudad los artistas se enfrentaban a la dificultad de acceder a los teatros oficiales, por burocracia en las convocatorias, favoritismo hacia ciertos grupos –triste pero real– o lo apretado de las agendas para la asignación de fechas. Administraciones culturales van y vienen y en la actualidad esos problemas siguen, como siguen, también, las ganas de crear, al costo que sea. Ahora, además, se le tiene que añadir un factor en contra y es que existe la boletería electrónica con cobro de comisión, algo que no existía hace, quizá, 20 años, y que queda completamente nulo en el espacio de Santa Tere: aquí el espectador no tiene que pagar comisiones de más ni el grupo destinar esa comisión extra a su ya de por sí recortado presupuesto de producción.

Eduardo Villalpando tiene una trayectoria enorme en la ciudad, si bien es originario de Aguascalientes; desde sus más tiernas juventudes ha vivido y hecho teatro en la Perla Tapatía, de manera que cuando empecé a reportear para algunos diarios locales él ya tenía un trío de lustros saltando por aquí. Es actor, director y productor, y su refugio es relativamente nuevo –apenas un par de años– si lo comparamos precisamente con su trayectoria. En este momento el mérito de ofrecer arte a quien guste y quiera pasar a su guarida –cuya capacidad máxima es para 50 personas– lo comparte con Karla García Sedano, Karlita para los amigos, su pareja y también actriz y productora. Además, es propicio para que los grupos ensayen en días y horarios en que no hay funciones e incluso para impartir talleres de teatro o danza. 

La cartelera de Santa Tere Teatro de Barrio está llena prácticamente todo el año y ofrece las condiciones propicias para presentar trabajos en pequeño formato, con iluminación y sonidos adecuados, y sillería que permite a todos los espectadores tener una visión perfecta del escenario. Hasta cuenta con cafetería en la merita entrada y un patio lleno de plantas que funge de antesala fresca para esperar la tercera llamada. Aquí he presenciado obras de Lalo y Karlita, así como de otros grupos locales e invitados nacionales y hasta internacionales, tanto para adultos como para niños.

Algo agradecible de este teatrito es que ofrece precios especiales a los espectadores residentes de Santa Tere, porque precisamente buscan crear arraigo en la colonia y que lo sientan tan suyo como el propio templo o el mercado y así, de boca en boca, los vecinos inviten a sus conocidos de otros barrios de la ciudad a asistir.

Sin más pretensiones que entretener al público y compartir el amor, de nuevo el amor, al teatro y a la libertad, las puertas de este Teatro de Barrio están abiertas para la comunidad.

* Periodista

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jl/I

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