Pensar y estar plenamente viva son la misma cosa
Hannah Arendt
La felicidad de la vida no es la felicidad, sino llegar a ser plenamente humanos
Martha Nussbaum
Y aquí vamos, entre el ruido y la búsqueda del silencio. Construyendo mundos para explicarnos lo inexplicable. Quedándonos quietos para entender este movimiento eterno que somos. Es asombrosa la naturalidad y la sinrazón con la que transcurre el tiempo. El misterio y la gracia con la que lo vamos haciendo nuestro. Transcurre con una naturalidad que espanta y con una ligereza que a veces agobia. Qué somos sino unos maravillosos y torpes artesanos de vida.
Parece que la vida también la vamos comprendiendo con el paso del tiempo, en retrospectiva. Y ahí vamos, abriendo los ojos tan grandes como podemos. Afinando tanto el oído para escuchar y comprender que nos vamos quedando sordos. Audrey Hepburn dice que “Vivir es avanzar por un museo: luego es cuando empiezas a entender lo que has visto”. José Saramago dice “Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma… pero con el interés de seguir creciendo. Tengo los años en los que los sueños se empiezan a acariciar con los dedos… y las ilusiones se convierten en esperanza”.
De pronto da la impresión de que estamos existiendo en línea recta y llegamos a un fin, luego se complejiza el asunto y aparece la idea de lo atemporal, la existencia de diferentes planos y mundos alternos. Mientras intentamos comprenderlo todo, habría que ocuparnos un poco de éste, de este mundo donde parece que el ruido mental en el colectivo no cesa, los sueños más íntimos se tornan lejanos, las injusticias se leen en los diarios, la educación parece cada vez más protocolaria y menos digna. Un mundo donde habita una indiferencia crónica y una desnutrición intelectual.
Y ahí vamos, abrazando la ciencia a la par que inventamos remedios mágicos para sanar el cuerpo y el alma. Siguiendo los protocolos de las redes sociales, revisando las publicaciones para inventarnos nuestros propios diagnósticos y llegar al consultorio con avances terapéuticos. Clarise Lispector dice que “La tecnología no alcanza a la locura y en ella es donde lo humano se refugia”. Habría que parar un poco y aventurarnos a confiar que no todo se reduce a las heridas de la infancia ni a que la infancia es destino. Valdría la pena confiar en que a veces “un cigarro es sólo un cigarro”.
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