Tras identificar que niñas y niños de entre 2 y 8 años presentan rechazo a alimentos como el garbanzo, la coliflor, el brócoli, el pescado y el queso panela, investigadores advirtieron una limitada diversidad en la alimentación infantil. El estudio encontró que la negativa a consumir estos productos obedece principalmente a características como el sabor, la textura y el olor, por lo que recomendaron fomentar la exposición repetida a estos alimentos desde edades tempranas.
La investigación "Alimentos no consumidos por niños según reporte materno", elaborada a partir de las respuestas de 200 madres de familia de distintos municipios de Jalisco, concluye que existe una limitada diversidad dietética infantil, situación que puede afectar la calidad de la alimentación durante una etapa clave para el crecimiento y desarrollo.
Las verduras concentraron el mayor rechazo (27.2%), principalmente la coliflor, la calabaza y el brócoli, aunque el alimento menos aceptado fue el garbanzo, rechazado por el 67.9% de los niños. También se reportó un bajo consumo de queso panela, avena, atún, pescado y piña, en contraste con la buena aceptación de los frijoles, la leche y el yogur.
De acuerdo con el reporte de las madres, las principales causas del rechazo están relacionadas con las características sensoriales de los alimentos. El sabor fue el motivo más mencionado, seguido de la textura y el olor.
Asimismo, influyen factores como la neofobia alimentaria, el temor a probar alimentos nuevos, la falta de exposición desde edades tempranas y experiencias negativas previas.
El estudio encontró que los platillos favoritos de las infancias corresponden, en su mayoría a preparaciones caseras como sopas, espagueti, pollo, frijoles y huevo, mientras que alimentos como la pizza representaron un porcentaje menor de las preferencias.
Los investigadores recomiendan ofrecer de forma repetida los alimentos que inicialmente son rechazados, mejorar su preparación para hacerlos más atractivos y evitar retirarlos de la dieta tras los primeros intentos, pues su aceptación puede aumentar con la exposición.
El análisis también identificó una doble carga de malnutrición: una alta prevalencia de bajo peso en menores de dos años y mayor presencia de sobrepeso y obesidad entre los niños de cinco y seis años.
Los investigadores señalaron que los resultados no son representativos de toda la población infantil de Jalisco, pero pueden servir como base para futuras investigaciones y estrategias de educación nutricional.
CES









