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Y la ciudad se detuvo

El tráfico citadino de las seis de la tarde a las ocho de la noche no se le desea ni al peor enemigo. La ciudad es un caos vial por todas las personas que intentan regresar al unísono a sus hogares, luego de la jornada laboral del día. Lo mismo avenidas, calzadas que callejones lucen atestadas de automotores, y si llueve, el caos se puede prolongar hasta más allá de las diez de la noche en zonas especialmente afectadas por inundaciones.

Esta imagen urbana tapatía que apenas se evita los días no laborables del año se vio alterada el pasado jueves 18 de junio; el motivo: por primera vez en la historia la selección mexicana de futbol jugaría un partido mundialista en Guadalajara.

Con la intención de evitar el caos antes dicho, las autoridades de todos los niveles de gobierno suspendieron labores presenciales, y eso ayuda, pues la mayor parte de la burocracia se traslada en coches particulares. Medidas semejantes tomaron las universidades con presencia en el área metropolitana, públicas y privadas, al igual que todo el sistema educativo. El sector empresarial no se quedó atrás y laboraron con jornadas reducidas para que todos fueran a sus casas al menos dos horas antes del juego de futbol que se disputó a las siete de la tarde.

Sobra decir que la ciudad fue una locura a partir del mediodía, sobre todo en las zonas aledañas a los sitios oficiales en que se proyectaría el juego: Fan Fest FIFA (en el centro de Guadalajara), Jalisco Zona Fan (Auditorio Benito Juárez), Fan Fest de la Plaza de las Américas (Zapopan) y en el FutFest del Centro Cultural Universitario. Todo el trajín se debía a que la gente quería estar en el mejor lugar para presenciar ese juego histórico entre los seleccionados de México y Corea del Sur.

Tras el caos, al filo de las siete sonó el pitido inicial, y como si se tratara de un trance mortuorio, la ciudad literalmente enmudeció, se guardó, y las calles de la ciudad lucieron vacías entre las 7 y las 9:00 p.m. Los 45 mil afortunados que lograron entrar al estadio, a la par de quienes acudieron a los centros de proyección públicas, fueron quienes más disfrutaron. Desde un par de horas antes se había dicho que la gente ya no acudiera a los puntos de concentración pero fue en vano, aquello estaba a reventar, y reventó: los aficionados, obstinados por entrar a los FanFest terminaron dando “portazo” en el de FIFA, en el corazón de ciudad, y en el instalado en el centro de Zapopan… las pasiones se desbordaron.

Tras el silbatazo final, alrededor de las nueve, aquello fue apoteótico como nunca antes se había vivido en la ciudad, el triunfo fue de 2-0 sobre Corea del Sur: festejos por todo el corredor Minerva-San Juan de Dios en el que no importaba la nacionalidad, estrato económico ni color de piel, se respiraba futbol, se vivía pasión y el tan merecido júbilo mexicano llegó. Con la victoria, matemáticamente México aseguraba su pase a los 16vos de final, y la hazaña fue en Guadalajara, ciudad que no durmió, tuvo vigilia festiva en esa noche gloriosa que siempre será recordada por todas y todos quienes estuvimos ahí, en el corazón del futbol mundial, y que al menos esa noche nos permitió olvidarnos de los problemas cotidianos y festejar, sí tuvimos el motivo necesario para celebrar, salir a la calle, gritar, ondear banderas, y al grito de ¡México! ¡México! la gente tomó la vía pública, plazas y calles, era su festejo, era su Mundial, era su ciudad…

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